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12 de diciembre de 2021

🎕 Nuestra Señora de Guadalupe 🎕




Cada 12 de diciembre, celebramos la fiesta de « Nuestra Señora de Guadalupe », Madre, Patrona, Emperatriz de México y de toda América.  Estrella de la Nueva Evangelización, Misionera Celeste del Mundo o como Ella misma se reveló a San Juan Diego: “La Madre del verdadero Dios por quien se vive”.

Ella es verdaderamente la Madre de Dios y nuestra Madre, como tal guía el caminar de la Iglesia, Ella es sobre todo en nuestra época la “Estrella en el Adviento”, por que la Santísima Virgen de Guadalupe está en el corazón del Adviento

Ella es «Estrella en el Adviento», porque si recordamos Nuestra Señora de Guadalupe se le apareció a San Juan Diego como una madre encinta y le anunció:

"Sabelo, ten por cierto hijo mío, el más pequeño, que yo soy la Perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del Verdaderísimo Dios por quien se vive, el creador de las personas, el dueño de la cercanía y de la inmediación, el dueño del cielo, el dueño de la tierra”.

No es casualidad el hecho de que cuando ella fue enviada a los pueblos del Nuevo Mundo en diciembre de 1531, haya llegado en esta época del año, tiempo que por siglos ha sido para la Iglesia un período de preparación para la Navidad.

El Evangelio según San Mateo, nos narra que unos Magos de Oriente llegaron a Jerusalén preguntando:

“¿Dónde está el rey de los judíos recién nacido? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarlo”.

Y así como aquella estrella apareció en el Oriente para guiar a estos Magos hacia Belén, para poder contemplar al niño Jesús en el pesebre y adorarle, Santa María de Guadalupe aparece en México (y porque no decirlo, en toda América) para, desde entonces, guiar siempre a todo el Continente y al mundo entero hacia su Hijo, para que le adoremos, acompañando nuestro caminar cristiano en esta espera, llevando en su vientre a Jesús, el Salvador del Mundo.


A pesar del tiempo tan agitado que vivimos, este día como a San Juan Diego, Nuestra Señora de Guadalupe nos alienta y nos dice también a cada uno de nosotros:

«¿QUÉ PASA, EL MÁS PEQUEÑO DE MIS HIJOS? ¿A DÓNDE VAS, A DÓNDE TE DIRIGES?».

Esta época de adviento siempre es ideal para pensar sobre todo lo vivido a lo largo del año, qué hicimos o qué dejamos de hacer, dar gracias a Dios por sus bendiciones y hacernos propósitos para el nuevo año que está a punto de llegar…

“¿A DÓNDE VAS, A DÓNDE TE DIRIGES?».

Durante el Adviento, toda la liturgia y las lecturas de la Palabra de Dios, nos invitan a “preparar el camino del Señor”, a buscar el rostro de Dios, a estar vigilantes, a enderezar los senderos y esperar la salvación que llega pronto; el Señor viene a salvarnos y quiere vivir con nosotros y en nosotros.

En la Virgen de Guadalupe no solo contemplamos el rostro del “Dios con nosotros” (puesto que es su Madre misma), sino que Ella nos lo revela y quiere que hacia Él nos dirijamos:

«Sábelo, ten por cierto, hijo mío el más pequeño, que Yo soy la Perfecta siempre VIRGEN SANTA MARÍA, Madre del Verdaderísimo Dios por quien se vive, el Creador de la Personas, el Dueño de la Cercanía y de la Inmediación,  El Dueño del Cielo, el Dueño de la Tierra, mucho deseo que aquí me levanten mi casita sagrada,  en donde lo mostraré, lo Ensalzaré al ponerlo de manifiesto: LO DARÉ A LAS GENTES EN TODO MI AMOR PERSONAL, EN MI MIRADA COMPASIVA, EN MI AUXILIO, EN MI SALVACIÓN…”.

Como Buena Madre que es, no se queda con nada y quiere que al contemplarla a Ella, contemplemos a su Hijo Jesús “el dueño del cielo, el dueño de la Tierra”…. La Virgen de Guadalupe quiere darnos a su Hijo “en todo su amor, en su mirada compasiva”; contempla sus ojos y piensa que al dejarte ver por Ella, te dejas ver por Dios mismo, quien te sostiene y no te abandona. Eso es lo maravilloso del milagro Guadalupano, es como poder contemplar el cielo desde la tierra en un puente edificado por la maternidad divina de Santa María de Guadalupe.

Al contemplar el ayate con la imagen de Nuestra Señora podemos descubrir que son ciertas estas palabras de Ella, quien se nos revela como verdadera Madre, la Virgen de Guadalupe está encinta, su abdomen se observa ligeramente aumentado y algunos expertos coinciden en señalar que se trata de un embarazo ya en su última etapa… Ella nos trae en su vientre al Salvador, al “Dios con nosotros”; de ella nacerá Jesús, nuestro Señor y Salvador. 

Hay dos detalles en la imagen guadalupana que reconfirman lo anterior: El cinto o moño negro que aparece arriba de su vientre, símbolo que utilizaban las doncellas aztecas para indicar su estado de embarazo; pero también aparece la “flor de cuatro pétalos” sobre su vestido a la altura del vientre, la “Nahui Ollin”, símbolo principal en la imagen que representa la presencia de Dios, la plenitud, el centro del tiempo y del espacio, marca precisamente esta flor el lugar donde se encuentra Nuestro Señor Jesucristo: En el vientre de su Madre.

De hecho la Virgen de Guadalupe esta con su cabeza inclinada como en dirección a su vientre, juntando también sus manos en señal de adoración al Hijo de Dios que lleva en su seno. Verdaderamente Ella nos conduce hacia Jesús, nos lo presenta y nos lo revela, nos enseña sobre todo que debemos amarle y adorarle, pero sobre todo que Él debe ser el centro de nuestra vida. A las puertas de la Navidad, más que preparar cuestiones superficiales, más que hacer ritos externos o dejarnos conducir por la corriente ruidosa de nuestro mundo, dirijamos nuestra mirada a Ella, contemplemos su rostro y pidamos a Santa María de Guadalupe que nos ayude a preparar nuestro interior para recibir a su Hijo, para que Jesús pueda nacer en nuestra alma y corazón, iluminando desde allí toda existencia, toda oscuridad, siendo alegría en medio del sufrimiento, gozo en medio del dolor, luz en medio de las sombras, fortaleza en medio de la debilidad.


Que al contemplar a la Guadalupana dispongamos nuestro corazón como un pesebre vivo en el que Ella, pueda colocar al Salvador recién nacido, porque cuando Jesús nace en un corazón, nunca más la vida puede ser la misma y allí está siempre Ella, nuestra Madre María, contemplándonos con la misma mirada tierna y serena, esa misma mirada que contemplo a Jesús recién nacido en Belén hace 2,000 años, ahora nos es concedida por gracia divina desde el Tepeyac hacia todos los pueblos. Que desde el Tepeyac nos alcance el brillo de Santa María de Guadalupe para iluminar nuestro camino de preparación hacia el Adviento.

Y si en este tiempo o en cualquier instante de nuestra vida, cuando estemos en momentos difíciles, de angustia o de tormento, volvamos nuestra mirada a Ella, escuchemos su dulce voz con las mismas palabras que dirigió a San Juan Diego:

« Escucha, ponlo en tu corazón, hijo mío el menor, que no es nada lo que te espantó, lo que te afligió, que no se perturbe tu rostro, tu corazón; no temas esta enfermedad ni ninguna otra enfermedad, ni cosa punzante, aflictiva. ¿no estoy aqui, yo, que soy tu madre? ¿no estás bajo mi sombra y resguardo? ¿no soy, yo la fuente de tu alegría? ¿no estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿tienes necesidad de alguna otra cosa? »



«SANTA MARÍA DE GUADALUPE, RUEGA POR NOSOTROS»

¡VIVA LA VIRGEN DE GUADALUPE!




 Nancy  A. Sparrow




11 de diciembre de 2021

❀ Símbolos de Nuestra Señora de Guadalupe ❀




La Virgen de Guadalupe, en su milagrosa imagen, presenta el mensaje del Evangelio mediante los símbolos más íntimos de las culturas india y española.   En la imagen hay una serie de símbolos y elementos que son considerados como parte de los misterios que rodean a la imagen sagrada.

La imagen de la Santísima Virgen que se conserva hoy en su santuario de Ciudad de México, tiene un profundo significado en el que se refleja a través de algunos símbolos...
La imagen de la guadalupana impresa en el Ayate de Juan Diego mide 1.78 cm de largo por 1.03 cm de ancho

Los ojos
Su mirada refleja ternura y bondad.  Los indígenas no consideraban correcto mirar de frente; por eso tiene inclinada la cabeza en señal de reverencia y respeto.
Los ojos de la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe presentan imágenes tan pequeñas de quienes estaban presentes al momento del milagro, que son solo visibles con tecnología moderna.

Rostro
Es moreno, ovalado y en actitud de profunda oración.  Su semblante es dulce, fresco, amable; refleja amor y ternura, además de una gran fortaleza.

Boca
Tiene labios delgados, y el inferior, coincidentemente, quedó impreso sobre una amarra o nudo del ayate, lo que brinda al rostro una gracia adicional: una leve y tierna sonrisa.

Cabello suelto
Para los aztecas, el cabello suelto era un signo de la virginidad (condición de doncella).  Las casadas llevaban el pelo trenzado.  Es Virgen y Madre.

Cabeza inclinada
Simboliza que a pesar de que viene del cielo y pertenece a la realeza no viene a imponerse ni a arrasar, sino con actitud bondadosa y humilde.

Piel morena
Su color de piel muestra una mezcla de raza blanca e indígena.

Manto
El manto de la Virgen María cuenta con 46 estrellas, (no puestas al azar), que forman las constelaciones que se vieron desde México el 12 de diciembre de 1531, el año en que se apareció Nuestra Señora de Guadalupe a San Juan Diego.
El color turquesa indica que es una emperatriz.  El estar adornado de estrellas es semejante al de los más altos Tlatoanis, lo que indica la nobleza y la importancia del portador.  Este manto, que cubre a la Virgen de la cabeza a los pies, también representa el cielo.

Broche ovalado con una Cruz negra en el cuello
El broche, en el cuello de la Virgen, es la síntesis de dos culturas; su color recordaba a Quetzalcóatl, se había transformado en hormiga negra para crear a la humanidad, pero su forma la cruz de Cristo, verdadero Dios y Hombre que dio Su vida para nuestra salvación.
Era idéntico al óvalo de jade que las estatuas de los dioses llevaban sobre el pecho como su propia alma, lo que les confería la vida.
Pero la cruz grabada no es el quincunce mexica, sino la cruz de los cristianos, símbolo de la verdadera vida.

Túnica
Es de color rosa, por su color representa la tierra. Las diversas figuras que bañan la túnica, en la que se encuentran nueve arreglos florales, podrían representar los nueve pueblos peregrinos llegados de Aztlán,  pueblos indígenas que peregrinaron y poblaron nuestro valle según un códice de 1576.

Flores y tallos
No siguen los pliegues del vestido porque son códices no adornos. Los tallos surgen como del manto, que representa el cielo, son ríos divinos que dan vida y rematan en flores que representan lo más bello de lo verdadero, entre las cuales unas simbolizan una nueva era, anunciada por una conjunción planetaria, otras son como corazones con rostro que representan el amor de un Dios que se ha hecho Hombre, y a la vez representan al Tepeyac, desde el cual sale un mensaje hacia todos los puntos cardinales. Se expresa así la misericordia divina y la salvación para todos los pueblos.

Flores
Coinciden con volcanes en el mapa de México.  Si se coloca un mapa orográfico de México sobre la túnica se descubre que los volcanes coinciden con las flores.

Flor de cuatro pétalos en el centro de su vientre
Para los indígenas representaba los cuatro elementos, los cuatro puntos cardinales, las cuatro estaciones, las cuatro épocas pasadas a la espera del quinto sol.  Es una flor solar cuyo centro representa al Niño Sol, y cuya posición indica movimiento perpetuo, es decir, que en el vientre de María está Dios, Omnipotente y Eterno, Sol verdadero que se ha hecho cercano y viene no a destruir sino a iluminar.

Flor Nahui Ollin
La flor de cuatro pétalos o “Nahui Ollin” que adorna la túnica de la Virgen es el máximo símbolo náhuatl y representa la presencia de Dios.  Es el símbolo principal en la imagen, es el máximo símbolo náhuatl y representa la presencia de Dios, la plenitud, el centro del espacio y del tiempo.  En la imagen presenta a la Virgen de Guadalupe como la Madre de Dios y marca el lugar donde se encuentra Nuestro Señor Jesucristo en su vientre.

Manos
La derecha es más blanca y estilizada, la izquierda es morena y más llena, podrían simbolizar la unión de dos razas distintas unidas por la misma fe..  Además, ambas se encuentran unidas en señal de recogimiento, en profunda oración. También se puede interpretar que a parte de estar unidas en oración están formando la casita que pidió para poder recibir en ella a todos sus hijos, escucharlos y darles su amor, su mirada compasiva y su auxilio.

Cinto
El cinturón que utiliza la Virgen es un símbolo de maternidad.  El moño negro anuncia la maternidad de la Madre de Dios. Las indígenas nobles embarazadas se ceñían con una banda arriba de la cintura y dejaban libre el vientre.
Su vientre abultado, muestra un embarazo avanzado, a unos días de dar a luz.

Edad
Representa a una doncella joven.

Rayos
La Virgen de Guadalupe está rodeada de rayos del sol.  Ella está delante.  Los rayos que se proyectan desde el fondo de la imagen simbolizan el sol, divinidad azteca, y brillan con mayor fuerza a la altura del vientre de la Virgen, donde lleva al Niño Jesús.
Los rayos dorados que le forman un halo luminoso o aura transmiten el mensaje de que ella es la Madre de la luz, del Sol, del Niño Sol, del Dios verdadero.

La luna
La Virgen de Guadalupe está de pie, en medio de la luna, y no es casual que la palabra México en náhuatl son “Metz – xic – co”, que significan “En el centro o el ombligo de la luna”. 
Parece sugerir cierto dominio de la imagen sobre ella.  Originalmente era de color plateado, pero, con el paso del tiempo, se ha ennegrecido y se han descarapelado algunos de sus detalles.

Nubes
Para algunos indígenas, las nubes estaban asociadas con la altura, la elevación del espíritu, que indicaban lo divino.  Las nubes se abren para dar paso a María, quien es enviada del cielo.

Rodilla flexionada
La flexión de la rodilla izquierda junto con la mirada baja puede representar la danza indígena, que era una manera de orar.  Los indígenas danzaban a manera de oración.  Nuevamente sintetiza dos mentalidades: la oración occidental, con sus manos unidas y la oración indígena, con su rodilla doblada que expresa movimiento, ‘paso de danza’.

Ángel
Un ángel está a los pies de la Guadalupana, con ademán de quien acaba de volar.  Con alas de quetzal, águila, pelícano y guacamaya, asimétricas y coloridas..  Sus manos sostienen el extremo izquierdo de la túnica y el derecho del manto, que simboliza la comunicación, la unión, del cielo con la tierra.
El ángel es indio, niño y anciano a la vez, fuerte y sabio.  El ángel puede ser también un mensajero de la Virgen, representa a Juan Diego, portador de la gran noticia que trae vida y verdad.

Alas del Ángel
De color verde, blanco y rojo, colores sagrados para los indígenas y, con el tiempo, los que se plasmaron en la bandera de México.



El nombre de “Siempre Virgen Santa María de Guadalupe”,  fué el que ella misma lo dio a Juan Bernardino, tío de San Juan Diego, cuando se le apareció para sanarlo de sus enfermedades.




 Nancy  A. Sparrow




12 de diciembre de 2020

🎕 Virgen de Guadalupe 🎕


Todos los 12 de diciembre se celebra una gran fiesta en la Basílica de Guadalupe, ubicada al norte de la Ciudad de México, en honor a la morenita del Tepeyac, la Virgencita de Guadalupe.

El Santuario de Guadalupe es uno de los sitios de peregrinación católica más visitados del mundo, el cual se encuentra como mencioné antes en la cima de la colina Tepeyac.   El santuario, también conocido como la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, está dedicado a la Santa patrona de México.

Hoy recordamos lo que le dijo la Virgen de Guadalupe al afligido Juan Diego un 12 de diciembre de 1531:

-"No se entristezca tu corazón… ¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre?"

Ella, la Emperatriz de América y Patrona de México, quiso dejar su imagen desde ese día en una sencilla "tilma" como señal del Amor de Dios para creyentes y no creyentes...

Este año 2020, el día de la Virgen de Guadalupe, será una festividad diferente para los mexicanos y para todos los devotos que peregrinan a la Basílica de México con el propósito de orar y ver de cerca la imagen de la Virgencita, de la Morenita..., y que debido a las condiciones sanitarias que viven todos los países a causa de la covid-19, se encuentra cerrada la Basílica.

La pandemia no nos permite en esta ocasión celebrar a la Virgencita de Guadalupe peregrinando juntos a su santuario, pero lo haremos en nuestros hogares.

Que Nuestro Señor Jesucristo y su Santísima Madre, Santa María de Guadalupe, continúen acompañándonos y bendiciéndonos en el lugar donde nos encontremos.




Nancy Sparrow




9 de diciembre de 2020

Fiesta de San Juan Diego



La figura de «Juan Diego» Cuauhtlatoatzin es fundamental para entender la historia de la Virgen de Guadalupe en México, pues él fue quien dio a conocer las apariciones de la “morenita” nuestra Virgencita de Guadalupe.

Según se cuenta, Juan Diego nació en 1474 en el barrio de Tlayácac, en la ciudad de Cuautitlán (reino de Texcoco).

El nombre original de Juan Diego era Cuáuj Tlatoátzin o Cuauhtlatoatzin.   En su lengua materna (el idioma náhuatl), «cuáuj tlatoác» significa “el que habla como águila” o “águila que habla”.

El Nican Mopohua lo describe como un “macehualli”, o “pobre indio”, es decir uno que no pertenecía a ninguna de las categorías sociales del Imperio, como funcionarios, sacerdotes, guerreros, mercaderes, etc., es decir que pertenecía a la mas numerosa y baja clase del Imperio Azteca, pero no a la clase de los esclavos.

Hablándole a Nuestra Señora él se describe como “un hombrecillo” o un don nadie y atribuye a ésto su falta de credibilidad ante el Obispo.

El trabajaba duramente la tierra y fabricaba mantas las que luego vendía.  Era dueño de su pedazo de tierra y tenía una pequeña vivienda en ella.  Estaba casado pero no tenía hijos. Según se cuenta, Juan Diego en los años 1524 o 1525 se convierte al cristianismo y se bautiza, así como su esposa, recibiendo el nombre cristiano de Juan Diego y su esposa el nombre de María Lucía.

Debido a los trabajos que los obligaban a realizar los conquistadores españoles, su esposa María Lucía enferma y luego fallece cuatro años después, en 1529.
Cuauhtlatoatzin («Juan Diego») entonces se fue a vivir con su tío «Juan Bernardino» (del que se desconoce su nombre real) en Tolpetlac, que le quedaba mas cerca de la iglesia católica de Tlatilolco, en Tolpetlac, – en la ciudad de Tenochtitlán a solo 14 kilómetros, (que ahora, invadida por los españoles, había sido bautizada como México).

El caminaba cada sábado y domingo a la iglesia, partiendo a la mañana muy temprano, antes que amaneciera, para llegar a tiempo a la Santa Misa y a las clases de instrucción religiosa.  Caminaba descalzo, como la gente de su clase macehualli, ya que solo los miembros de las clases superiores de los aztecas usaban cactlis, o sandalias, confeccionadas con fibras vegetales o de pieles.  En esas frías madrugadas usaba para protegerse del frío una manta, tilma o ayate, tejida con fibras del maguey, el cactus típico de la región.  El algodón solo lo usaron los aztecas mas privilegiados.

Según el capellán Luis Lasso, el sábado 9 de diciembre de 1531 -(dos años después de la muerte de su esposa María Lucía)-, muy de mañana, Juan Diego fue testigo de la aparición de la Virgen de Guadalupe, primera aparición de Nuestra Señora, en el lugar ahora conocido como “Capilla del Cerrito”, donde la Santísima Virgen le habló en su idioma, el náhuatl.

Ella se refirió a él con grandísimo cariño, llamándolo “Juanito, Juan Dieguito”, “el mas pequeño de mis hijos”, “hijito mío”; ahí le encomendó decirle al obispo Juan de Zumárraga, que en ese lugar quería que se construyera un templo.

Según el capellán Luis Lasso, la Virgen de Guadalupe se le apareció cuatro veces entre el 9 y el 12 de diciembre de 1531.  Cuando Juan Diego llegó a hablar con el obispo, este no le creyó en absoluto.
Tres días acudió Juan Diego al obispado a transmitirle a Zumárraga los mensajes que le hablaba la Virgen de Guadalupe.  Finalmente, el escéptico obispo condicionó la construcción del templo en el cerro de Tepeyac a la presentación de un milagro: Juan Diego debía cortar rosas de Castilla en el cerro y traérselas al obispo como prueba de la intervención divina.  El indígena obedeció, aun sin saber cómo haría para obtener rosas en un cerro árido y, además, en pleno mes de diciembre.

La última aparición de la Virgen, el 12 de diciembre de 1531, obró el milagro: las rosas aparecieron en la cima de la colina Tepeyac, Juan Diego procedió a cortarlas y las transportó en su tilma o ayate (tipo de toga abierta por los lados) a la casa del obispo. Al estar frente a incrédulo Zumárraga, Juan Diego abrió el ayate, cayeron las flores y dejaron ver al religioso una fotografía hiperrealista de la Virgen estampada en la burda tela.  Así el escéptico obispo español se rindió a la evidencia y se volvió en el principal testigo del milagro guadalupano.

Según los escritos, Juan Dieguito falleció el 30 de mayo de 1548 a los 74 años de edad en la Ciudad de México.

En 1990, sin atender a los religiosos y eruditos que cuestionaban la historicidad del milagro, el día 9 de abril de 1990, en el Palacio Apostólico de Roma, el Papa Juan Pablo II, en presencia de varios cardenales y de muchos Prelados, aprobó públicamente el Decreto de la Congregación de las Causas de los Santos “de culto inmemorial” por el que se declaraba que Juan Diego había vivido las virtudes cristianas en grado heroico.

El Santo Padre Juan Pablo II le declaró Beato, ante Vuestra Santidad fue promulgado en Roma el decreto «de vitae sanctitate et de cultu ab immemorabili tempore Servo Dei Ioanni Didaco praestito».

El 6 de mayo de 1990,  El Santo Padre, el Papa Juan Pablo II presidió la solemne celebración en la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe de México en honor de Juan Diego y lo reconoció oficial y solemnemente con el título de Beato.  Al beatificar a Juan Diego, lo mencionó como «el confidente de la dulce Señora del Tepeyac»

Precisamente en aquellos días, en esta misma arquidiócesis de Ciudad de México, tuvo lugar un milagro por intercesión de Juan Diego.  Con él se abrió la puerta que ha conducido a la actual celebración, que el pueblo mexicano y toda la Iglesia viven en la alegría y la gratitud al Señor y a María por haber puesto en nuestro camino al Beato Juan Diego, que según las palabras de Vuestra Santidad, «representa todos los indígenas que reconocieron el evangelio de Jesús» (Ibídem).

Juan Pablo II proclamará públicamente la santidad de Juan Diego en una Solemne Misa de Canonización en la Basílica de la Virgen de la Guadalupe en México el 31 de julio, 2002.

Su fiesta la fijó el mismo Santo Padre el 9 de diciembre porque ése "fue el día en que vió el Paraíso" (día de la primera aparición).



Nancy Sparrow


12 de diciembre de 2019

Virgen de Guadalupe


VIRGENCITA DE GUADALUPE


Posada sobre la luna, cuidas mi nopal, . . . mi tuna,
tornas suaves las espinas del mundo, en que me encaminas.

Benditos siempre tus pies, nunca tocarán el suelo,
tú te elevas, . . . así es, curando mi desconsuelo.

Virgencita de Guadalupe, hoy, rezándote, ya supe,
de tu gran misericordia, al mexicano . . . la gloria.

Madrecita de Juan Diego, a tus designios me pliego,
manos de la imploración, de súplica, del perdón.

Tu tez, de color morena, es calma que me serena,
fe, esperanza, caridad, ahuyentando la maldad.

Quiero que me hagas milagro, quites penas, trago amargo,
que nunca nos desampares, que cuides nuestros hogares.

Manto con el que nos cubres, bondad, la que tú descubres,
mes diciembre, tu día doce, que de ti . . . mi alma goce.

Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda






9 de diciembre de 2019

San Juan Diego Cuauhtlatoatzin


¡Amado Juan Diego, "el águila que habla"! Enséñanos el camino que lleva a la Virgen Morena del Tepeyac, para que ella nos reciba en lo íntimo de su corazón




12 de diciembre de 2018

Virgen de Guadalupe

La siempre Virgen Santa María de Guadalupe
12 diciembre




9 de diciembre de 2018

San Juan diego cuauhtlatoatzin



San Juan Diego Cuauhtlatoatzin


San Juan Diego es el primer santo indígena canonizado por el Papa Juan Pablo II que entendió que Latinoamérica era el continente de la esperanza.



Fue miembro de la gente de Chichemeca y nació cerca de lo que hoy es la Ciudad de México.  Fue bautizado a los 50 años.  Cuauhtlatoatzin supuestamente fue el primero en ver una visión de la Virgen María como Nuestra Señora de Guadalupe, el 12 de diciembre de 1531.  Posteriormente, pasó el resto de su vida como un ermitaño religioso.


La Madre de Dios se fijó en este virtuoso indígena para encomendarle una misión.  Cuatro apariciones sellan las sublimes conversaciones que tuvieron lugar entre Ella y Juan Diego, que tenía entonces 57 años, edad avanzada para la época.  El sábado 9 de diciembre de 1531 se dirigió a la Iglesia. Caminaba descalzo, como hacían los de su condición social, y se resguardaba del frío con una tilma, una sencilla manta.  Cuando bordeaba el Tepeyac, la tierna voz de María llamó su atención dirigiéndose a él en su lengua náuhatl:

«¡Juanito, Juan Dieguito!».

Ascendió a la cumbre, y Ella le dijo que era

«la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios».

Además, le encomendó que rogase al obispo Juan de Zumárraga que erigiese allí mismo una iglesia.  Juan Diego obedeció.  Fue en busca del prelado y afrontó pacientemente todas las dificultades que le pusieron para hablar con él, que no fueron pocas.  Al transmitirle el hecho sobrenatural y el mensaje recibido, el obispo reaccionó con total incredulidad.  Juan Diego volvió al lugar al día siguiente, y expuso a la Virgen lo sucedido, sugiriéndole humildemente la elección de otra persona más notable que él, que se consideraba un pobre «hombrecillo».  Pero María insistió. ¡Claro que podía elegir entre muchos otros! P ero tenía que ser él quien transmitiera al obispo su voluntad:

«…Y bien, de nuevo dile de qué modo yo, personalmente, la siempre Virgen Santa María, yo, que soy la Madre de Dios, te mando».

El 12 de diciembre, diligentemente, una vez más fue a entrevistarse con el obispo.  Éste le rogó que demostrase lo que estaba diciendo.  Apenado, Juan Diego regresó a su casa y halló casi moribundo a su tío, quien le pedía que fuese a la capital para traer un sacerdote que le diese la última bendición.  Sin detenerse, acudió presto a cumplir con este acto caritativo, saliendo hacia Tlatelolco.  Pensó que no era momento para encontrarse con la Virgen y que Ella entendería su apremio; ya le daría cuenta de lo sucedido más tarde.  Y así, tras esta brevísima resolución, tomó otro camino.  Pero María le abordó en el sendero, y Juan Diego, impresionado y arrepentido, con toda sencillez expresó su angustia y el motivo que le indujo a actuar de ese modo.  La Madre le consoló, le animó, y aseguró que su tío sanaría, como así fue.  Por lo demás, enterada del empecinamiento del obispo y de su petición, indicó a Juan Diego que subiera a la colina para recoger flores y entregárselas a Ella. 

En el lugar señalado no brotaban flores.  Pero Juan Diego creyó, obedeció y bajó después con un frondoso ramo que portó en su tilma.  La Virgen lo tomó entre sus manos y nuevamente depositó las flores en ella.  Era la señal esperada, la respuesta que vencería la resistencia que acompaña a la incredulidad. Más tarde, cuando el candoroso indio logró ser recibido por el obispo, al desplegar la tilma se pudo comprobar que la imagen de la Virgen de Guadalupe había quedado impregnada en ella con bellísimos colores. A la vista del prodigio, el obispo creyó, se arrepintió y cumplió la voluntad de María.  Juan Diego legó sus pertenencias a su tío, y se trasladó a vivir en una humilde casa al lado del templo.  Consagró su vida a la oración, a la penitencia y a difundir el milagro entre las gentes.  Se ocupaba del mantenimiento de la capilla primigenia dedicada a la Virgen de Guadalupe y de recibir a los numerosos peregrinos que acudían a ella. 

Murió el 30 de mayo de 1548 con fama de santidad dejando plasmada la aureola de la misma no sólo en México sino en el mundo entero que sigue aclamando a este «confidente de la dulce Señora del Tepeyac», como lo denominó Juan Pablo II.  Fue él precisamente quien confirmó su culto el 6 de mayo de 1990, y lo canonizó el 31 de julio de 2002.



 

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