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14 de noviembre de 2009

Yo viviré

Viviré porque soy un proyecto de Dios,
viviré porque mis ojos miran a Cristo,
viviré porque creo en su palabra,
viviré porque cuando muero para el mundo
nazco para Dios.

Yo viviré, porque cada día creo en Dios,
yo viviré porque cada dia hablo con Dios,
yo viviré porque Dios me da consuelo,
yo viviré porque Dios me ha dado sus promesas,
yo viviré porque cada dia espero la provision de Dios.

Yo viviré porque Dios me fortalece

Yo viviré porque Dios es mi amigo

Yo viviré porque Dios es mi sustento

Yo viviré porque cuando viene el enemigo
yo llamo a Cristo a mi lado.

Yo viviré porque ya no vivo yo

Yo viviré porque Cristo vive en mi.


¿Cómo estas?

Me pasa bien a menudo que me encuentro con personas que constantemente se quejan de su vida… puede ser que alegan por su salud, su trabajo, sus relaciones afectivas o en general de cualquier cosa que les pasa, me pareciera que es como una competencia de quien padece más.

Una situación muy común al encontrarme con alguien es que me pregunten:
-“¿cómo estás?”
Mi respuesta instantánea siempre es “muy bien”.

Y como podría ser distinta si tengo salud, tengo trabajo, tengo personas increíbles que me rodean… y aunque así no lo fuera tengo mi vista, mis piernas, todos mis sentidos, mi mente andando y mil cosas más que podría decir.

Lo que no entiendo mucho es cuando las personas responden “más o menos” o “mal”, solo por un problema o situación personal, que en la mayoría de los casos no amerita. No se dan cuenta de todo lo que tienen por agredecer y se declaran infortunados.

Hay una cosa que tengo clara: si dices que estás mal, así es como acabarás… mejor agredecer y agarrar la energía de tu optimismo y utilizarla para enfrentar las situaciones que no sean tan agradables.


nbas


13 de noviembre de 2009

Dios siempre te protegerá

Raimundo fue a abastecerse de calendarios bíblicos y volvía solo en su auto con el cargamento que iba a distribuir en su región.

Después de manejar varias horas empezó a luchar contra la somnolencia. En vez de reposar un momento, siguió y de repente se produjo lo inevitable: el vehículo escapó de su dominio, atravesó la ruta y chocó contra un árbol.

Un camión que se acercaba en sentido contrario evitó el accidente desviándose hacia un campo próximo. ¡Fue un despertar violento para nuestro amigo! Sin embargo salió ileso; la portezuela izquierda del vehículo que quedó completamente dislocada lo había protegido.

El baúl se abrió y las cajas que contenían los calendarios quedaron regadas en la calzada. Raimundo, repuesto del susto, percibió, a algunos metros de él, uno de esos calendarios expulsados que se partió en dos al caer en la calzada. Entonces lo levantó y leyó justamente los versículos del encabezamiento:
No se dormirá el que te guarda… El Señor es tu guardador”.

Lo oportuno de este mensaje, como venido directamente del cielo, lo impresionó y maravilló. Sí, Dios había velado sobre su siervo, mientras éste dormía, y ahora se lo confirmaba.

Esta experiencia, ¿no es adecuada para fortalecer nuestra confianza en el mismo Dios todopoderoso quien, quizá sin que nos hayamos dado cuenta, nos ha protegido tantas veces?
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(El Señor) no dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda… es tu sombra a tu mano derecha… te guardará de todo mal; él guardará tu alma.

Salmo 121:3-7


10 de noviembre de 2009

Mirando las estrellas

Mirando las estrellas me di cuenta que en cada una de ellas existe un paraíso.
Mirándolas a ellas descubrí la infinidad de cosas que perdemos. Ellas que están allá, tan lejos de este mundo, al menos sobreviven con su pequeño brillo; y nosotros acá, tan llenos de momentos, nos sentimos morir cuando algo se termina.

-Mirando las estrellas comprendí el valor que no damos a la vida.
Cuando ésta sin querer nos quita cosas, pensamos que es injusta y olvidamos que sin ella no seríamos quienes somos.

Hoy sin pensar vi volar una estrella en su gran mundo... La vi volar sin rumbo y la noté perdida. Me di cuenta que a veces no sólo en este mundo existe soledad... que ellas también la sienten, como cualquier persona, pero al menos siguen brillando, buscando una razón para salir de ella.

En cambio acá, nosotros, pensamos que estar solos es el fin de la vida; y no nos damos cuenta que a veces la soledad nos ayuda a encontrar respuestas que no estaban.

Mirando las estrellas pude ver que la felicidad llega en cualquier momento... que todo se termina en este mundo, desde lo más hermoso, hasta lo más molesto y doloroso.

Hoy mirando una estrella, sentí el calor aquel del amor que se fue... Y descubrí que en ella están los sueños, los besos y aquel tiempo que se perdió algún día.

Comprendí que el amor tiene un millón de vueltas... Que a veces nos sorprende, nos da felicidad, y a veces se transforma en lo peor que hay.

Mirando una de ellas, crecí un poquito más. Aprendí a sonreír, y a ver la realidad.
Mirando una de ellas, pude ver la verdad: que no sirve el ORGULLO cuando existe AMISTAD; que no sirve LLORAR cuando un amor se va; que no vale la pena aprender a CALLAR; que no existen FRONTERAS cuando tenemos VIDA...
...y que aprender a VIVIR, ES LO MEJOR QUE HAY!!!


9 de noviembre de 2009

La campanilla de Dios

Parecen caballos comunes, y actúan con toda naturalidad, pero me extrañaba que anduvieran siempre juntos. Por eso un día me acerque a ellos para observarles de cerca y me di cuenta que uno llevaba una campanilla y el otro era ciego.
Como su dueño en ese momento estaba cerca de allí, me acerque y le pregunte por qué había colocado una campanilla en el caballo más joven. El hombre me explicó que el caballo ciego, no podía valerse por si mismo y no tenía muchas posibilidades de sobrevivir. De hecho, le habían aconsejado sacrificarlo, pero que de pronto se le ocurrió colocarle una campanilla al caballo mas joven con la esperanza de que el caballo ciego le seguiría a todas partes.
Y así fue, el caballo ciego se acostumbró al sonido de la campanilla y seguía a su compañero. De esta manera los dos caballos empezaron a andar juntos, pastar, corretear y hacer una vida normal. Si por alguna circunstancia el caballo ciego se alejaba y no sabía como regresar al establo por la noche, al oír el sonido de la campanilla se acercaba y de esta manera regresaba a su lugar.
Así ambos pasaban los días, el caballo ciego pudo vivir y hacer una vida normal, sabiendo que la campanilla le marcaba el rumbo y el punto exacto donde debería estar en todo momento.
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Esta historia nos deja una muy buena lección, todos nosotros necesitamos escuchar una campanilla que nos indique el rumbo. Tú me dirás, para que la necesito si yo puedo ver muy bien. Si, exacto, pero hay muchas cosas en la vida que no se pueden ver con la vista, necesitan verse con los ojos del corazón.

¿Cuántas veces nos despistamos y perdemos el rumbo?, ¿Cuántas veces nos confundimos por que solo estamos mirando con nuestros ojos naturales?, ¿Cuántas veces nos alejamos de las cosas que son realmente importantes en la vida?, ¿Cuántas veces no sabemos que camino tomar ante una encrucijada?......
Pero quiero decirte, que en nuestra conciencia hay una campanilla, que funciona todo el tiempo, tiene la función de avisarnos cuando algo anda mal, cuando estamos entrando en zona peligrosa, o cuando estamos yendo en una dirección equivocada. Tu misma habrás tenido impresiones que no se pueden explicar ni razonar, pero que te hacen sentir incómoda ante una decisión, un viaje, un negocio. No sabes por qué pero estas intranquila, sin paz. Ahí los tienes, esos pensamientos o intuiciones, o como quieras llamarles no son otra cosa que la “Campanilla de Dios” Si porque Dios ha colocado en cada ser humano esa "Campanilla" para advertirte.
Simplemente porque El desea que todo te vaya bien, y que no te metas en problemas. Esa campanilla tiene el propósito de que te detengas por un momento y seas capaz de escuchar la voz de Dios.

“Si sientes que tu corazón no puede ver y tu vida anda en tinieblas agudiza los oídos del alma y deja que Dios te lleve por el camino que El eligió para ti. De esta manera, nunca te vas a equivocar”


Una despedida

En una ocasión, escuché la conversación de un padre y su hija momentos antes de separarse. Se anunciaba la salida del vuelo que ella iba a tomar y junto a la puerta la escuché decir:
- Papá, nuestra vida juntos ha sido suficiente. Tú me has dado siempre el amor que necesité.

-Hija, te deseo lo suficiente, respondió el padre.
Se besaron y ella partió. Él, caminó hacia donde yo estaba sentado. Se quedó ahí mirando por la ventana, pero sin mirar. Era evidente que quería y necesitaba llorar. Intenté no ser un intruso en su privacidad, pero él me preguntó:
-¿alguna vez dijo adiós sabiendo que será para siempre?
-Sí, lo he hecho-, respondí.
Le pregunté: ¿por qué piensa que es un adiós para siempre?
-Soy viejo y ella vive muy lejos y sinceramente, creo que su próximo viaje de regreso será para mi funeral-, dijo.
-Cuando le decía adiós le escuché decir: Te deseo lo suficiente, ¿qué significa?
Comenzó a sonreír... -Esa es una frase que se ha dicho en nuestra familia, de generación en generación. Mis padres se lo decían a cualquier persona-. Hizo una pausa por un momento y continuó, diciéndome: Cuando nosotros decimos "Te deseo lo Suficiente", estamos deseándole a la otra persona que tenga una vida llena de suficientes cosas buenas que lo sostengan y continuó recitando lo siguiente:

Te deseo el suficiente sol para mantener tu actitud brillante…
Te deseo la suficiente lluvia para apreciar más el sol…
Te deseo la suficiente felicidad para mantener tu espíritu vivo…
Te deseo el suficiente dolor para que los pequeños placeres de la vida parezcan más grandes…
Te deseo la suficiente ganancia para satisfacer tus deseos…
Te deseo la suficiente pérdida para apreciar todo lo que posees…
Te deseo los suficientes "holas" para que te lleven a través del "adiós final"...
Te deseo la suficiente bendición de Dios, para que sea todo lo suficiente que necesites…

Cuenta la historia que todos los fines de año, en Irlanda, brindan deseándose lo siguiente, que tengas:

Suficiente felicidad para mantenerte dulce…
Suficientes problemas para mantenerte fuerte…
Suficientes pruebas para mantenerte en armonía…
Suficientes esperanzas para mantenerte feliz…
Suficientes fracasos para mantenerte humilde…
Suficientes éxitos para mantenerte ansioso…
Suficientes amigos para darte consuelo…
Suficiente fortuna para cubrir tus necesidades…
Suficiente entusiasmo para mirar hacia delante…
Suficiente fe para desterrar las depresiones…
Suficiente determinación para hacer que hoy sea mejor que ayer.


23 de octubre de 2009

El diamante Koh-i-noor

El diamante Koh-i-noor se encuentra entre los más espectaculares del mundo. Es parte de las joyas de la corona Británica, presentado a la Reina Victoria por el marajá de la India cuando este apenas era un muchacho.
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Años después, cuando él ya era un hombre mayor, el marajá visitó a la Reina Victoria en Inglaterra. Pidió que la piedra fuera traída de la Torre de Londres donde se mantenía guardada con seguridad, hasta el Palacio de Buckingham. La reina hizo según lo pedido.
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Tomando el diamante en su mano, él se arrodilló frente a la reina y se lo presentó de nuevo a ella, diciendo:
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-“Su majestad, yo le dí esta joya cuando era un niño, demasiado joven para entender lo que estaba haciendo. Deseo dársela de nuevo a usted en la plenitud de mis fuerzas, con todo mi corazón, afecto y gratitud, ahora y para siempre, en plena conciencia de mi acto”.
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El día vendrá cuando posiblemente mires hacia atrás y digas:
- “Estoy agradecido de mis maestros y las lecciones que me enseñaron de disciplina, concentración, arduo trabajo, cooperación y las formas correctas e incorrectas de competir”.
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Incluso más valioso será el día cuando te mires en el espejo y digas:
- “Conociendo lo que ahora conozco de la vida, sé que es valioso continuar enseñando estas lecciones a mí mismo”.



A Dios tambien le gustan los helados

Aquel día, Carlitos llegó sudoroso del Colegio. Había jugado a futbol y hasta había anotado un gol para su equipo. Nada más entrar, lo primero en que pensó fue en comerse un helado. Abrió el frigidaire y vio que no había más que dos ricos helados. Cuando regresó la mamá también pensó en mitigar su calor con alguno de los helados que había dejado antes de irse. Pero alguien se le había adelantado.
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-¿Quién se comió los helados?
-Yo, mami….
-¿Los dos?
-Sí, mamí….Tenía mucho calor y mucha sed.
-¿Y no sabías que Dios te estaba mirando cuando los tomabas?
-Sí, mami.
-¿Y Dios no te dijo nada?
-Sí, mami…. Yo cuando vi a Dios a mi lado, le dije: ya ves, no hay más que dos. Así que, uno para ti y otro para mí…
-¿Y qué te contestó Dios?
-No, hijo, a mí me gustan mucho los helados, pero prefiero que te los comas tú que estás sudando mucho…. Y me los comí yo solo. El de Dios y el mío….
(Creo lo leí en José Luis Martín Descalzo)
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La mamá no supo que responder. Esta vez su argumento no le servía. De ordinario, trataba de controlar a su hijo con el miedo de que, “Dios ve todo lo que haces, y luego te castiga”. Pero esta vez, Dios se había puesto del lado de Carlitos. Es más, se había hecho cómplice de la picardía del niño.
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¿Por qué usaremos a Dios siempre como un argumento para imponer nuestros criterios, nuestros mandatos o nuestros gustos? Utilizamos a Dios como el “coco de los niños”.“Dios te ve”. “Dios te va a castigar”. “Dios se va a entristecer con lo que haces”. Y los niños crecen con más miedo que amor y cariño hacia Dios. Ven a Dios de parte de los poderosos, de parte de los que mandan y no de parte de los pequeños, de los niños.
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José Luis Descalzo, en uno de sus primeros libros, “Un cura se confiesa”, cuenta cómo paseando por el parque del Retiro de Madrid, se encontró con una niñera, sentada en una de las bancas del parque, cuidando a un niño que no hacía sino llorar. Ella, tan pronto vio a José Luis con su sotana, le dice al niño:
-“Mira, o te callas o te llevo a aquel cura”.
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Dicen que el niño asustado se calló…” Nunca me había imaginado que la figura de un cura sirviese para asustar a los niños que lloran”, comentaba José Luís. Pues lo que yo no me puedo imaginar es que utilicemos a Dios para meterles miedo a los niños, para asustar a los niños, para que los niños no se coman un helado del frigidaire.
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¿Por qué no presentarles a los niños un rostro más bonito de Dios?
¿Por qué no decirles que Dios ama a los niños, incluso cuando hacen travesuras?
¿Por qué no hacerles sentir que, incluso cuando los papás se enfadan con él y le riñen y le gritan, Dios sigue sonriéndoles?
¿Por qué no decirles a los niños que “a Dios también le gustan los helados que la mamá deja en el frigidaire”?
¿Por qué no decirles que también Dios sonríe cuando nosotros gritamos un gol y nos sentimos los campeones?
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Quiero pedirle perdón a Dios, de lo mal que le solemos dejar delante de los niños. Y quiero decirles a los niños que nos perdonen por hablarles tan feo de Dios, cuando él se pasa el día divirtiéndose con ellos, incluso cuando se comen los helados de la mami.

Clemente Sobrado C.P.


 

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