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16 de julio de 2021

🎕 Virgen del Carmen 🎕 Escapulario 🎕




De qué está compuesto el Escapulario y cómo se puede recibir

El Escapulario del Carmen se compone de dos piezas de lana, de color marrón, unidas entre sí por dos cordones.
El primer escapulario, solamente, tiene que estar bendecido y ser impuesto. Tanto la bendición como la imposición valen para todos los escapularios que substituyan al primero. Después que lo hemos recibido, debemos usarlo siempre y continuamente.



Fórmula breve para la imposición del Escapulario
(Para ser usada por el sacerdote)

"Recibe este Escapulario, signo de una relación especial con María, la Madre de Jesús, a quien te comprometes a imitar. Que este Escapulario te recuerde tu dignidad de cristiano, tu dedicación al servicio de los demás y a la imitación de María".

¡Llévalo! como señal de su protección y como signo de tu pertenencia a la familia del Carmelo, dispuesto a cumplir la voluntad de Dios y a empeñarte en el trabajo por la construcción de un mundo que responda a su plan de fraternidad, justicia y paz!.





Privilegios del Escapulario de la Virgen del Carmen 

No, no basta decir que el Escapulario es una señal de salvación. Yo sostengo que no hay otra que haga nuestra predestinación tan segura..." (San Claudio de la Colombière, S.J.)

1. Es una señal de alianza con Nuestra Señora. Con su uso, manifestamos nuestra  consagración a Ella.

2. Es una señal de salvación. Quien muere con él no padecerá el fuego del infierno.

3. La Santísima Virgen librará del purgatorio, el primer sábado después de la muerte, a todos los que lo porten.

4. Es una señal de protección en todos los peligros.



El Escapulario del Carmen, consagración a Nuestra Señora

El Escapulario del Carmen, como regalo de la Santísima Virgen, es símbolo de una consagración. La propia Madre de Dios fue la que hizo alusión a esa consagración, cuando le dijo a San Simón Stock, en la gloriosa madrugada del 16 de julio de 1251: "...es un pacto de paz y amistad que hago contigo y todos los carmelitas...". Como si dijese: quiero que este pacto que hago contigo, con fundamento en una eterna amistad, esté expresado en mi escapulario, como símbolo de la consagración que me hacéis al recibirlo.


Detalles prácticos sobre el Escapulario

1 – Goza de los privilegios aquél que se hace miembro de la familia carmelitana al recibir el escapulario, que debe ser necesariamente impuesto por un sacerdote, según el ritual previsto. En caso de peligro de muerte, siendo imposible encontrar a un sacerdote, incluso un seglar puede imponerlo, recitando una oración a Nuestra Señora y utilizando un escapulario ya bendecido.

2 – Cualquier sacerdote o diácono puede efectuar la imposición del Escapulario. Para eso, debe utilizar una de las fórmulas para la bendición, prevista en el Ritual Romano.

3 – El escapulario debe ser usado de manera continua (incluso durante la noche); permitiéndose en caso de necesidad, para lavarse por ejemplo, quitárselo, sin perder el beneficio de la promesa.

4 – El escapulario es bendecido solamente una vez, en la imposición, para toda la vida. La bendición del primer escapulario es transmitida a los demás.

5 – La medalla escapularia – El Papa S. Pío X concedió la facultad de substituir el escapulario de tejido por una medalla, que debe tener en una de las caras el Sagrado Corazón de Jesús, y en la otra cualquier imagen de Nuestra Señora. Se puede usar sin interrupción (en el cuello o de otra forma) y gozar de los mismos beneficios. A pesar de ello, la medalla no puede ser impuesta, debe ser utilizada como substitución al escapulario de tela ya recibido. Se recomienda que no se deje de usar completamente el escapulario (por ejemplo, colocándoselo por la noche). De todas maneras, la ceremonia de imposición debe ser hecha necesariamente con el escapulario de tela. Cuando se cambia la medalla, no es necesaria otra bendición.



Condiciones para beneficiarse de las promesas

1 – Para beneficiarse de la promesa principal, la preservación del Infierno, no existe otra condición que la del uso del escapulario, desde que se haya recibido con recta intención, y que lo lleve puesto efectivamente en la hora de la muerte. Se admite a tal efecto, que una persona lo lleva puesto de manera continua, en el caso de que sea privada de su uso, como por ejemplo, los enfermos en los hospitales.

2 – Para beneficiarse del "privilegio sabatino", es necesario cumplir tres requisitos.

a) Llevar puesto habitualmente el escapulario (o la medalla).

b) Conservar la castidad, de acuerdo al propio estado (total, para los célibes; y conyugal para los casados). Hay que decir que ésta es una obligación de todo cristiano, pero sólo gozarán de este privilegio aquéllos que vivan habitualmente en tal estado.

c) Recitar diariamente el pequeño Oficio de Nuestra Señora. Sin embargo, el sacerdote, al hacer la imposición, tiene el poder de conmutar esta obligación, un poco complicada para los laicos comunes. Es costumbre sustituirlo por la recitación diaria del Rosario. Las personas no deben tener recelo de pedir al sacerdote esta conmutación.

3 – Aquéllos que reciben el escapulario y después dejan de usarlo no cometen ningún pecado. Únicamente que dejan de recibir los beneficios. Aquél que vuelva a usarlo, incluso habiéndolo dejado por largo tiempo, no necesita una nueva imposición.



Indulgencias vinculadas al Escapulario

a) Se concede indulgencia parcial a aquél que, llevando piadosamente el Escapulario, o la medalla, haga un acto de unión con la Santísima Virgen o con Dios a través del Escapulario, por ejemplo, besándolo, formulando una intención o un pedido.

b) Se concede indulgencia plenaria (remisión de todas las penas del purgatorio) en el día en que se recibe por primera vez el escapulario, y también en las fiestas de Nuestra Señora del Carmen, 16 de julio; de San Elías, 20 de julio; de Santa Teresa del Niño Jesús, 1 de octubre; de todos los Santos de la Orden del Carmen, 14 de noviembre; de Santa Teresa de Jesús, 15 de octubre; de San Juan de la Cruz, 14 de diciembre y de San Simón Stock, 16 de mayo.

Hay que decir que las indulgencias son recibidas si se cumplen las condiciones habituales: confesión, comunión, desapego de todo pecado, incluso los veniales, y oración por las intenciones del Santo Padre (se acostumbra rezar un Padrenuestro, una Avemaría y el Gloria).



Nota importante

No es necesario decir que aquéllos que deliberadamente viven una vida de pecado, juzgando que por usar el escapulario se salvarán, hacen muy mal. Dios podrá permitir que mueran sin el escapulario.

Sin embargo, no debemos combatir que el escapulario sea usado por los pecadores. San Claudio de la Colombière, jesuita, en un sermón sobre la Virgen del Carmen en la Iglesia de los carmelitas de Lyon, dijo: "No os quiero lisonjear: de ningún modo se puede pasar de una vida pecadora y desordenada para la vida eterna, a no ser por el camino de la sincera penitencia; sin embargo, este sincero arrepentimiento, de tal modo lo sabrá facilitar la más cariñosa de las madres que, cuando menos lo penséis, hará brillar en vuestras almas un rayo de luz sobrenatural que en un instante os hará ver el engaño".









14 de julio de 2021

Santísima Virgen del Monte Carmelo ♰ Profeta Elías



 La familia espiritual de San Elías


La historia de la Virgen del Carmen nace con el profeta Elías, en el Antiguo Testamento. ...

En el escenario exuberante y poético de Galilea, en un pequeño promontorio sobre el mar Mediterráneo se destaca el Monte Carmelo, refugio de muchos santos varones que, en el Antiguo Testamento se retiraban a este lugar desierto para rezar por la venida del Divino Salvador. Pero a pesar de todo, ninguno de ellos impregnó de tanta virtud aquellas rocas benditas como San Elías.

Cuando el Profeta del celo ardiente se retiró a aquel lugar, alrededor del Siglo IX antes de la Encarnación del Hijo de Dios, hacía tres años que una implacable sequía contenía los cielos de Palestina, castigando la infidelidad de los hombres para con Dios. Mientras rezaba con fervor, pidiendo que el castigo fuese aliviado por los méritos de aquel Redentor que habría de venir, Elías envía a su siervo a la cumbre del monte, ordenándole:
- "Ve y mira hacia el lado del mar"...
Pero el siervo nada veía. Y al bajar dice:
- "No hay nada". 
Con confianza, el Profeta le hizo retomar siete veces la infructuosa escalada. Finalmente, el siervo vuelve diciendo:
- "Veo una nubecita del tamaño de la huella de un hombre".
De hecho, la nube era tan pequeña y diáfana que parecía destinada a desaparecer al primer soplo de los abrasados vientos del desierto. Pero no; poco a poco iba creciendo, se agrandaba en el cielo hasta cubrir todo el horizonte y, por fin, se precipitó sobre la tierra en forma de abundante lluvia. Fue la salvación del pueblo de Dios.

La pequeña nube era una figura de la humilde María cuyos méritos y virtudes excederían a los de todo el género humano, obteniendo para los pecadores el perdón y la Redención. El Profeta Elías había vislumbrado en su contemplación el papel mediador de la Madre del Mesías esperado. Fue, en cierto sentido, su primer devoto.

Una bonita tradición nos dice que, a ejemplo de San Elías, siempre hubo en el Monte Carmelo eremitas que predicaban y vivían allí, recuperando y transmitiendo a otros el espíritu eliático. Y aquel lugar santificado por hombres contemplativos reclamaba por otros contemplativos.

Hacia el Siglo IV, cuando comenzaron a aparecer los primeros monjes solitarios de Oriente, las laderas rocosas del Monte Carmelo acogían una ermita, al estilo de las comunidades bizantinas, cuyos restos se ven aún hoy en día. Más tarde, alrededor del siglo XII, un grupo de nuevas vocaciones venidas ahora de Occidente con el gran movimiento de las Cruzadas, añadía un nuevo fervor al antiguo. Enseguida se edificó una pequeña iglesia donde la comunidad se entregaba a la vida de oración, animada siempre por el espíritu de Elías. La pequeña "nubecita" iba creciendo cada vez más.

El crecimiento del número de hermanos de Nuestra Señora del Monte Carmelo hacía necesario una organización más aprimorada. En 1225, una delegación de la Orden se dirigía a Roma para pedir a la Santa Sede la aprobación de una Regla, que fue concedida efectivamente por el Papa Onorio III en 1226.

Con la invasión de los lugares santos por los musulmanes, el superior del Monte Carmelo daba permiso a los religiosos para que se trasladasen a Occidente y fundaran allí nuevas comunidades, lo que muchos hicieron tras la caída del último baluarte de resistencia cristiana, el Fuerte San Juan de Acre. Los pocos que allí se quedaron fueron martirizados mientras cantaban la Salve.









8 de julio de 2021

Virgen del Monte Carmelo




Promesa de la Virgen del Carmen


En la madrugada del día 16 de Julio de 1251 Nuestra Señora se apareció al santo carmelita inglés, Simón Stock y le entregó el milagroso Escapulario del Carmen.

San Simón Stock era, por aquel entonces, Superior General de la Orden del Carmen.   Se encontraba en una situación de mucha aflicción, ya que su Orden pasaba por dificultades muy serias, pues era despreciada, perseguida e incluso se veía amenazada con extinguirse.

Hombre de fe viva, San Simón no cesaba de implorar socorro a la Santísima Virgen y también le pedía una señal sensible de que sería atendido.
Conmovida por las angustiadas súplicas de este hijo suyo tan fervoroso, Nuestra Señora le trajo del Cielo el santo Escapulario y le dirigió estas palabras:

"Recibe, hijo muy predilecto, el Escapulario de tu Orden, señal de mi confraternidad, privilegio para ti y para todos los carmelitas."

"Todos los que mueran revestidos de este Escapulario no padecerán el fuego del Infierno. Es una señal de salvación, refugio de los peligros, alianza de paz y pacto para siempre."

A partir de esta misericordiosa intervención de la Madre de Dios, la orden carmelita volvió a florecer en todo el mundo. Y el Escapulario pasó a recorrer su milagrosa trayectoria, en señal de alianza de Nuestra Señora con los carmelitas y con toda la humanidad.

Setenta años después, Nuestra Señora se le apareció al Papa Juan XXII y le hizo una nueva promesa, considerada como complemento de la primera:

"Yo, como tierna Madre de los carmelitas, bajaré al purgatorio el primer sábado después de su muerte y los libraré y conduciré al Monte Santo de la vida eterna".

Esta segunda promesa de Nuestra Señora dio origen a la célebre Bula Sabatina del Papa Juan XXII, publicada el 3 de marzo de 1322, confirmada posteriormente por otros Pontífices como Alejandro V, Clemente VII y Pablo III.

Al comienzo, el Escapulario era uso exclusivo de los religiosos carmelitas. Posteriormente, la Iglesia, con el deseo de extender los privilegios y beneficios espirituales de ese uso a todos los católicos, simplificó su tamaño y autorizó que su recepción estuviese al alcance de todos.




Nancy  A. Sparrow




3 de julio de 2021

Stella maris y patrona de la gente del mar ♰ "Virgen del Carmen"


El día 16 de julio celebramos la Fiesta de la Virgen del Carmen en muchas de nuestras parroquias.  La gente del mar la honra como su Patrona. El origen de la devoción a la Virgen del Carmen está en el monte Carmelo, el monte sagrado que el profeta Elías convirtió en signo y refugio de la fidelidad al Dios único y en el lugar de encuentro entre Dios y su pueblo de Israel (1R 18,39). Como el profeta Elías, “abrasado de celo por el Dios vivo”, así también los ermitaños cristianos se recogieron durante las cruzadas en las grutas de aquel monte y formaron la familia religiosa del Carmelo. Recordando a María, la Orden del Carmelo se puso desde sus orígenes bajo su patrocinio e hizo del Monte Carmelo el signo del camino hacia Dios.

La tradición relaciona a María con la nube blanca divisada desde la cumbre del Carmelo cuando el profeta Elías suplicaba a Dios que pusiese fin a una larga sequía. Mientras Elías oraba a Dios por la lluvia, mandaba a su criado una y otra vez que subiera a la cumbre del monte. A la séptima vez le dice el criado:
“Se divisa una nubecilla, pequeña como la palma de la mano de un hombre, la cual sube del mar…
Y en brevísimo tiempo el cielo se cubrió de nubes con viento, y cayó una gran lluvia” (1 Re 18, 44). En esa nubecilla, semejante ‘a la palma de un hombre’ y cargada de lluvia, se reconoció la figura de la Virgen. Porque María por ser la Madre de Dios, es como la nube que nos da al Salvador, la Luz que nos guía en el mar de nuestra existencia.

María se convierte así en la “Stella maris”, la estrella que guía el rumbo de nuestra existencia por las difíciles aguas del mar de la vida. Como los marineros de antaño, que leían la posición de las estrellas para marcar su rumbo en el inmenso océano, así la Virgen María como estrella del mar nos guía por las aguas difíciles de la vida hacia el puerto seguro que es Cristo.  María es la Madre de Dios; ella nos da, nos muestra y nos quiere llevar a su Hijo, el Hijo de Dios vivo.

La Virgen del Carmen es camino privilegiado para nuestro encuentro con Cristo Jesús y también con el prójimo. La Virgen no deja de decirnos: “Haced lo que Él os diga” (Jn. 2,5). El verdadero cristiano se sabe llamado por Jesús, para contemplar en él la misericordia de Dios, para acogerla, experimentarla y dejarse transformar y llevar a todos la alegría del Evangelio. El Señor nos enseña y capacita para ser mensajeros de la Buena Noticia, la misericordia de Dios para todos, también en el mundo del mar.

En este día tenemos muy presentes a los hombres y mujeres del mar. Y les encomendamos a la Virgen del Carmen, para que de sus manos descubran en sus duros trabajos la alegría de la ternura de Dios. Nadie como María ha conocido la profundidad del misterio de Dios porque toda su vida estuvo plasmada por la presencia de la misericordia hecha carne y en su compañía podremos entrar seguros en el santuario de la misericordia de Dios y participar íntimamente del misterio de su amor. Pidamos para que los hombres y mujeres del mar experimenten en sus vidas el maravilloso don de la misericordia divina de la mano de su patrona, nuestra Señora la Virgen del Carmen.

Fue en el Monte de las Bienaventuranzas en Palestina, mirando al mar de Tiberíades, donde Jesús pronunció aquellas palabras:
«Bienaventurados los misericordiosos».
Estas palabras de Jesús han llegado hasta nosotros a través de sus primeros discípulos, muchos de ellos pescadores, que se dejaron transformar por la misericordia de Dios y se convirtieron en sus testigos. Hoy como ayer, la misericordia es el corazón del mensaje del Evangelio, es la vía que une a Dios y al hombre y que abre nuestro corazón a la esperanza de ser amados sin tener en cuenta el límite de nuestro pecado. La misericordia de Dios es la que da sentido a toda nuestra vida, y sana nuestros corazones heridos por tantos golpes. También la gente del mar sabe por experiencia propia que en las horas difíciles solo la misericordia de Dios y la protección de la Virgen del Carmen dan la verdadera paz.








16 de julio de 2020

Virgen del Carmen


El origen del nombre Carmen se encuentra en el antiguo hebreo y en el latín, de ahí sus múltiples significados.  Su origen hebreo proviene del Monte Carmelo, en Tierra Santa, de allí nace una de las advocaciones a la Virgen María.

El Monte Carmelo es un monte en la zona de Galilea donde, según cuenta la historia, un grupo de devotos de la Tierra Santa decidió instalarse y edificar la primera iglesia dedicada a Santa María del Monte Carmelo.
Su devoción por la Virgen hizo florecer una nueva advocación: Nuestra Señora del Carmen.

Más tarde, Simón Stock, Superior de esta orden al verla en peligro, le pidió a la Virgen del Carmen una señal de su protección.  Precisamente, un 16 de julio la Señora se le apareció con un escapulario, cumpliendo así sus plegarias.





16 de julio de 2019

Oración de Consagración a Nuestra Señora del Carmen




Virgen del Carmen - Virgen del Monte Carmelo



Nuestra Señora del Monte Carmelo, referida comúnmente como Virgen del Carmen, es una de las diversas advocaciones de la Virgen María. Su denominación procede del llamado Monte Carmelo, en Israel, un nombre que deriva de la palabra Karmel o Al-Karem y que se podría traducir como ‘jardín’.

Existen hoy en activo órdenes carmelitas repartidas por todo el mundo, masculinas y femeninas, las cuales giran en torno a esta figura mariana.


Historia
Desde los antiguos ermitaños que se establecieron en el Monte Carmelo, Los Carmelitas han sido conocidos por su profunda devoción a la Santísima Virgen.  Ellos interpretaron la nube de la visión de Elías (1 Reyes 18, 44) como un símbolo de la Virgen María Inmaculada. Ya en el siglo XIII, cinco siglos antes de la proclamación del dogma, el misal Carmelita contenía una Misa para la Inmaculada Concepción.
El más célebre de estos hombres de Dios fue el gran profeta Elías, quien en el siglo IX antes de Cristo defendió valientemente de la contaminación de los cultos idolátricos la pureza de la fe en el Dios único y verdadero.  Inspirándose en la figura de Elías, surgió al Orden contemplativa de los «Carmelitas», familia religiosa que cuenta entre sus miembros con grandes santos, como Teresa de Ávila, Juan de la Cruz, Teresa del Niño Jesús y Teresa Benedicta de la Cruz (en el siglo, Edith Stein).

Los Carmelitas han difundido en el pueblo cristiano la devoción a la Santísima Virgen del Monte Carmelo, señalándola como modelo de oración, de contemplación y de dedicación a Dios.  María, en efecto, antes y de modo insuperable, creyó y experimentó que Jesús, Verbo encarnado, es el culmen, la cumbre del encuentro del hombre con Dios.  Acogiendo plenamente la Palabra, «llegó felizmente a la santa montaña» (Oración de la colecta de la Memoria), y vive para siempre, en alma y cuerpo, con el Señor.



La estrella del Mar y los Carmelitas
Los marineros, antes de la edad de la electrónica, dependían de las estrellas para marcar su rumbo en el inmenso océano.   De aquí la analogía con La Virgen María quien como, estrella del mar, nos guía por las aguas difíciles de la vida hacia el puerto seguro que es Cristo.  Por la invasión de los sarracenos, los Carmelitas se vieron obligados a abandonar el Monte Carmelo.  Una antigua tradición nos dice que antes de partir se les apareció la Virgen mientras cantaban el Salve Regina y ella prometió ser para ellos su Estrella del Mar.  Por ese bello nombre conocían también a la Virgen porque el Monte Carmelo se alza como una estrella junto al mar.

Los Carmelitas y la devoción a la Virgen del Carmen se difunden por el mundo La Virgen Inmaculada, Estrella del Mar, es la Virgen del Carmen, es decir a la que desde tiempos remotos se venera en el Carmelo.   Ella acompañó a los Carmelitas a medida que la orden se propagó por el mundo.

A los Carmelitas se les conoce por su devoción a la Madre de Dios, ya que en ella ven el cumplimiento del ideal de Elías. Incluso se le llamó: "Los hermanos de Nuestra Señora del Monte Carmelo".  En su profesión religiosa se consagraban a Dios y a María, y tomaban el hábito en honor ella, como un recordatorio de que sus vidas le pertenecían a ella, y por ella, a Cristo. La devoción a la Virgen del Carmen se propagó particularmente en los lugares donde los carmelitas se establecieron.


A la Reina del Monte Carmelo deseo hoy confiar todas las comunidades de vida contemplativa esparcidas por el mundo, de manera especial las de la Orden Carmelitana...  Que María ayude a cada cristiano a encontrar a Dios en el silencio de la oración.


16 de julio de 2018

Nuestra Señora del Carmen ♰ San Simón Stock



San Simón Stock


Los frailes del Carmen empiezan a vagar en el Continente Europeo como siendo miembros de una Orden casi desconocida, mal admirada y al borde de la desaparición. La familia religiosa de Elías parecía un tronco seco y viejo, destinado a deshacerse en polvo.

Era el instante esperado por Nuestra Señora para hacer florecer, en lo alto de la resecada vara, una flor: San Simón Stock. Este inglés de reconocida virtud había sido elegido para el cargo de General de la Orden. Aún no ejercía una autoridad efectiva sobre sus súbditos, pues el Carmelo no poseía todavía una estructura jurídica consistente y uniforme, capaz de conservar un espíritu, promoverlo y transmitirlo a la posteridad.

Sin embargo, la virtud compensaba la falta de autoridad. Rezándole a Nuestra Señora con mucho fervor, San Simón le imploraba que no permitiese la desaparición de la Orden Carmelita. En esta afligida situación, la Virgen Santísima se le apareció al buen siervo [en 1251] y le entregó el Escapulario, para que fuera usado sobre el hábito.

En aquella época los siervos usaban una túnica como traje civil. Sobre ella vestían una túnica menor, que indicaba, por su color y características peculiares, la identidad de su señor. El escapulario del Carmen era semejante a esa pequeña túnica. Nuestra Señora entregaba, por lo tanto, a San Simón Stock un uniforme propio a sus siervos, para que fuera usado por todos los carmelitas, y le prometía:

"Recibe, hijo muy predilecto, el Escapulario de tu Orden, señal de mi confraternidad, privilegio para ti y para todos los carmelitas".

"Todos los que mueran revestidos de este Escapulario no padecerán el fuego del Infierno. Es una señal de salvación, refugio en los peligros, alianza de paz y pacto para siempre".

Esta maravillosa promesa de la Santísima Virgen no es de pequeña importancia para el cristiano que realmente desea salvar su alma. Muchos Papas y teólogos han explicado que quien tenga devoción al Escapulario y lo use efectivamente, recibirá de María Santísima la gracia de la perseverancia final o la gracia de la contrición. Es una promesa semejante a la de los cinco primeros sábados.




El privilegio sabatino


Pero, una segunda promesa de Nuestra Señora del Carmen vino a dar un nuevo grado de importancia a la devoción del Escapulario. En una aparición al Papa Juan XXII, refiriéndose a los que llevasen el escapulario durante su vida, la Santísima Virgen dice lo siguiente:

"Yo, como tierna Madre de los carmelitas, bajaré al purgatorio el primer sábado después de su muerte y los libraré y conduciré al Monte Santo de la vida eterna".

El propio Pontífice confirmó esta indulgencia plenaria en la célebre Bula Sabatina, de 3 de marzo de 1322, confirmada posteriormente por varios Papas como Alejandro V, Clemente VII, Pablo III, San Pío V y San Pío X. En 1950 el Papa Pío XII escribió sobre el escapulario, expresando su deseo de "que fuera el símbolo de la consagración al Inmaculado Corazón de María, del cual estamos muy necesitados en estos tiempos tan peligrosos". El Papa Juan Pablo II también lo ha recomendado insistentemente.

Al comienzo, el Escapulario era de uso exclusivo de los religiosos carmelitas. Más tarde, la Iglesia, con el deseo de extender los privilegios y beneficios espirituales de este piadoso hábito a todos los católicos, simplificó su tamaño y autorizó que su recepción estuviese al alcance de todos.

A partir de esa misericordiosa intervención de la Madre de Dios, la Orden carmelitana reflorecía y conocía otros períodos de glorias, acentuando en toda la Iglesia Católica la devoción a la Santísima Virgen. De esta Orden, nacieron tres soles, por no citar nada más que a ellos, que han de relucir eternamente en el firmamento de la Iglesia: Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz y Santa Teresa del Niño Jesús.







 

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