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30 de agosto de 2021

🎕 Santa Rosa de Lima 🎕



Hoy 30 de agosto se celebra la fiesta de Isabel Flores de Oliva, conocida como Santa Rosa De Lima, fue proclamada, de manera excepcional y convirtiéndose en la primera Santa de América, patrona del Perú, del Nuevo Mundo y de Filipinas, además de ser Patrona de la Policía Nacional y las enfermeras.

Isabel Flores de Oliva nació en la ciudad de Lima el 20 de abril de 1586, capital del virreinato del Perú, siendo la cuarta de 13 hijos.  En un siglo de grandes santos latinoamericanos y peruanos como santo Toribio de Mogrovejo, san Martín de Porres, san Juan Macías y san Francisco Solano.  Aunque fue bautizada como Isabel en honor de su abuela materna, desde muy pequeña fue llamada Rosa.  Según sus biógrafos, a los tres meses de nacida, la india Mariana acudió a velar el sueño de la niña, al verla pudo comprobar que su rostro se había convertido en una rosa, considerado el primer milagro de la santa limeña.  (Su nombre consta en la partida de bautizo que tuvo lugar en la Parroquia de San Sebastián de Lima, el 25 de mayo del año de su nacimiento).  De la vida de nuestra querida Rosa se ha querido inmortalizar, lamentablemente, los aspectos menos comprendidos e importantes.  Y por supuesto, ha habido no pocos intentos locales para desprestigiar no solo su virtud, sino también su voluntad de tener una existencia de servicio.  Lo cierto y comprobado es que nació en el seno de una numerosa familia de clase media limeña, en la que las penurias y dificultades no dejaron de estar presentes.

Su padre, Gaspar Flores, llegó al Perú junto con el pacificador La Gasca en 1547; aquí se casó con una mujer de origen indígena, María Oliva, cuyas raíces nos remontan a la hermosa ciudad de Huánuco.  De ella debió aprender santa Rosa las artes del bordado y los oficios tradicionales que se les permitía, por entonces, a las mujeres.  A los doce años se mudó con su familia al pueblo de Quives, a 60 kilómetros de Lima.  Cuenta la tradición que, desde temprana edad, realizaba en secreto ayunos constantes y durísimas penitencias, siguiendo el modelo de Santa Catalina de Siena.  Al parecer estas penitencias y mortificaciones le ocasionaron contraer un reuma muy fuerte que superó tras una dolorosa recuperación.

Recibió el sacramento de la confirmación de un sacerdote católico que posteriormente sería muy importante para el país: Toribio de Mogrovejo, (en Quives).  Al parecer, el día de su confirmación, habría sido este santo quien la llamara “Rosa”, (un nombre que no era del agrado de Isabel Flores de Oliva),  sin que alguien pudiese darle noticia al arzobispo de este nombre tan particular e íntimo.  Aunque le mortificaba que la llamasen así, a los 25 años aceptó y quiso que la llamaran Rosa de Santa María, a razón de que, según lo relató su madre, fue a conversar con un sacerdote a la iglesia de Santo Domingo manifestándole la molestia que le causaba que la llamen "Rosa", pero el sacerdote la tranquilizó diciéndole:

- "¿Pues hija, no es vuestra alma como una rosa en que se recrea Jesucristo?".


Con esto quedó tranquila y segura del nombre que le habían dado; siendo confirmado más adelante, según sus biógrafos, en episodios de tipo místico, por la Santísima Virgen del Rosario.

En Quives la familia se enfrentó a problemas económicos severos y a la pérdida de Bernardina, una de las hijas del matrimonio, a quien Isabel quería de manera especialísima. Desde entonces se perfeccionó en ella una profunda vida espiritual, emulando a santa Catalina de Siena, quien fue su modelo de recogimiento y entrega.

Rosa de Santa María regresó a Lima junto con su familia durante su juventud.  Allí trabajaba en el huerto y hacía bordados para contribuir a la economía familiar, pues atravesaban problemas económicos.  Nuestra santa destacó en esta época por un profundo compromiso con los más necesitados y por comprender que es en el servicio al prójimo, sin diferencia alguna, en que se cumple el auténtico mandamiento cristiano. Estas ideas le acarreó no pocos, más bien muchos, problemas familiares y hasta el rechazo de su propia madre, quien quería casarla para garantizar la supervivencia de la familia.

Isabel optó por el matrimonio místico con Cristo.  Es realmente emocionante su elevada capacidad mística, unida de manera perfecta al servicio a los pobres y desposeídos que, en sus tiempos, eran sin duda indígenas y negros esclavos; y a todos quienes pudieran requerir de su ayuda, seguramente pequeña en lo material, pero intensamente valiosa en lo espiritual y sin duda, a los ojos de Dios.

Por su belleza atrajo a varios pretendientes, a quienes rechazó una y otra vez, a pesar de las opiniones de su familia y amistades, llegando incluso a cortarse el cabello para no atraerlos.  Dedicaba buena parte de su tiempo a la contemplación de la Eucaristía, que recibía a diario.  Quiso convertirse en monja en la Orden Dominica,  pero, tras la prohibición de su padre,  si bien ingresó a la Orden Tercera de Santo Domingo, para la época no existía un monasterio femenino de dicha orden en la capital peruana, por lo que convirtió el huerto de su casa en un lugar de retiro y contemplación. Allí, la santa vivió poderosas experiencias místicas y largos periodos de desolación espiritual; además dedicó su tiempo a realizar ciertas labores manuales como la costura, el bordado o el cultivo de rosas.  Se hizo miembro terciaria, nuevamente a imitación de Santa Catalina de Siena.

Esa entrega permanente, que superaba lo económico, requería de ella una activa vida de contemplación y oración.  Y es por ello que le pidió a su hermano Hernando que le ayudara a construir una ermita, en un extremo de su casa, en donde ella pasaba horas en meditación y conversando, en íntima amistad con su “niño doctorcito”, que era Jesús mismo.  Salía para visitar el templo de Nuestra Señora del Rosario y para atender a los más necesitados.  Se cree que durante este tiempo habría conocido a otros dos santos que se encontraban en la ciudad de Lima: Juan Macías y Martín de Porres.  Durante este tiempo ocurriría su desposorio místico con Jesús, en la capilla del Rosario. También continuaba realizando sacrificios y penitencias, como por ejemplo, llevando puesta una pesada corona de plata con espinas en su interior.

Santa Rosa no fue una monja de convento ni claustro.  Ella quiso vivir como una dominica, pero nunca ingresó formalmente al convento; asumió la regla de los dominicos, vistió ese hábito y se esforzó por hacer de su vida una simple existencia de servicio.  ¡Y vaya que esa simpleza dio gigantes resultados! .

Cuenta la historia que Santa Rosa se colocó una apretadísima faja de hierro en la cintura a modo de penitencia. Para no tener la tentación de quitársela, la santa arrojó la llave al pozo de su casa. Su familia, al ver su sufrimiento, le pidió que se lo quitara, pero, ya que la llave se encontraba en el fondo del pozo, era imposible.  Entonces la santa fue a rezar al pozo y, milagrosamente, la faja se abrió. Hoy en día, cientos de fieles y devotos dejan cartas con pedidos a Santa Rosa en este mismo lugar, conocido comúnmente como el pozo de los deseos.

Tuvo una existencia bastante breve pues murió el 24 de agosto de 1617 a los 31 años, con una salud bastante frágil.  El conocimiento de su vida y la infinidad de testimonios de santidad y obras extraordinarias que ella hacía, solo como instrumento humilde de Dios, permitieron que su proceso de beatificación fuera bastante rápido.

Fue canonizada el 12 de abril de 1668 por el papa Clemente X, siendo la primera santa del continente americano, del cual es patrona, se le declaró patrona del Perú, de América y de las Filipinas. Es también, patrona de nuestras Fuerzas Armadas.. y luego se le declaró patrona de la policía nacional del Perú y la guardia civil: esto debido a que, según cuenta la historia, durante su vida hubo noticia de que corsarios provenientes de los Países Bajos se acercaban al puerto del Callao, sembrando el pánico en la ciudad. Rosa, junto con un grupo de mujeres, se reunieron enseguida en la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, para rezar por la salvación de la ciudad. El capitán de la flota falleció al poco tiempo, obligando a las naves a retirarse, suceso que todos consideraron milagroso y que atribuyeron a la santa limeña.

Hoy en día los restos de esta santa reposan en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Lima, también conocida como Iglesia de Santo Domingo.  Su cráneo se encuentra expuesto en el lado derecho del altar, y puedes conocer su tumba ingresando al museo.




Fué una mujer ejemplar, atenta y comprometida con las necesidades de su entorno, preocupada por la situación de los más pobres de su tiempo.  Hoy en día las hermanas Dominicas de Santa Rosa de Lima también se encuentran en primera línea haciendo frente al COVID.

Su vida ha inspirado a muchas generaciones y, sin duda, ha sido objeto de las más hermosas expresiones de arte.  Quisiera destacar solo cinco de ellas, en el casi infinito universo de representaciones que su vida ha motivado...
- Una escultura en la parte alta de la columnata izquierda de la Plaza de San Pedro; la representación de su muerte por el artista italiano Melchiore Caffá, que se puede apreciar en el convento de Santo Domingo en Lima.  Respecto a obra pictórica, que es también innumerable, es imposible dejar de mencionar el retrato póstumo que le hizo Angelino Medoro, la imagen de la santa en un rapto místico (obra de Francisco Laso) y la representación de los funerales de santa Rosa (obra de Teófilo Castillo).








28 de agosto de 2021

✞ San Agustín de Hipona ✞




Aurelio Agustín, mas conocido como San Agustín de Hipona (354-430), nació el 13 de noviembre en el año 354 en Tagaste (norte de África), actual territorio argelino, denominado Souk Ahras. (Argelia actual).

Su padre, llamado Patricio, era un funcionario pagano al servicio del Imperio.  Su madre, la dulce y abnegada cristiana Mónica, luego santa, poseía un genio intuitivo y educó a su hijo en su religión, aunque, ciertamente, no llegó a bautizarlo.  El niño, según él mismo cuenta en sus Confesiones, era irascible, soberbio y díscolo, aunque excepcionalmente dotado.

Romaniano, mecenas y notable de la ciudad, se hizo cargo de sus estudios, pero Agustín, a quien repugnaba el griego, prefería pasar su tiempo jugando con otros mozalbetes.  Tardó en aplicarse a los estudios, pero lo hizo al fin porque su deseo de saber era aún más fuerte que su amor por las distracciones; terminadas las clases de gramática en su municipio, estudió las artes liberales en Metauro y después retórica en Cartago.

A los dieciocho años, Agustín tuvo su primera concubina, que le dio un hijo al que pusieron por nombre Adeodato.  Los excesos de ese "piélago de maldades" continuaron y se incrementaron con una afición desmesurada por el teatro y otros espectáculos públicos y la comisión de algunos robos; esta vida le hizo renegar de la religión de su madre.

Su primera lectura de las Escrituras le decepcionó y acentuó su desconfianza hacia una fe impuesta y no fundada en la razón.  Sus intereses le inclinaban hacia la filosofía, y en este territorio encontró acomodo durante algún tiempo en el escepticismo moderado, doctrina que obviamente no podía satisfacer sus exigencias de verdad.

Sin embargo, el hecho fundamental en la vida de San Agustín de Hipona en estos años es su adhesión al dogma maniqueo; su preocupación por el problema del mal, que lo acompañaría toda su vida, fue determinante en su adhesión al maniqueísmo, la religión de moda en aquella época.  Los maniqueos presentaban dos sustancias opuestas, una buena (la luz) y otra mala (las tinieblas), eternas e irreductibles.  Era preciso conocer el aspecto bueno y luminoso que cada hombre posee y vivir de acuerdo con él para alcanzar la salvación.

A San Agustín le seducía este dualismo y la fácil explicación del mal y de las pasiones que comportaba, pues ya por aquel entonces eran estos los temas centrales de su pensamiento.  La doctrina de Mani o Manes, fundador del maniqueísmo, se asentaba en un pesimismo radical aún más que el escepticismo, pero denunciaba inequívocamente al monstruo de la materia tenebrosa enemiga del espíritu, justamente aquella materia, "piélago de maldades", que Agustín quería conjurar en sí mismo.

Dedicado a la difusión de esa doctrina, profesó la elocuencia en Cartago, Roma (383) y Milán (384).  Durante diez años, a partir del 374, vivió Agustín esta amarga y loca religión.  Fue colmado de atenciones por los altos cargos de la jerarquía maniquea y no dudó en hacer proselitismo entre sus amigos.  Se entregó a los himnos ardientes, los ayunos y las variadas abstinencias y complementó todas estas prácticas con estudios de astrología que le mantuvieron en la ilusión de haber encontrado la buena senda.  A partir del año 379, sin embargo, su inteligencia empezó a ser más fuerte que el hechizo maniqueo. Se apartó de sus correligionarios lentamente, primero en secreto y después denunciando sus errores en público.  La llama de amor al conocimiento que ardía en su interior le alejó de las simplificaciones maniqueas como le había apartado del escepticismo estéril.

Es así que desilusionado por la imposibilidad de reconciliar ciertos principios maniqueístas contradictorios, Agustín, abandona la doctrina y decide por el escepticismo.  En el año 383 se traslada de Cartago a Roma, y un año más tarde se va a Milán como profesor de retórica.  Allí se mueve en círculos neoplatónicos.  Allí también conoce al obispo de la ciudad, al gran Ambrosio, la figura eclesial de mayor renombre por santidad y conocimiento de aquel momento en Italia.

En 384 encontramos a San Agustín de Hipona en Milán ejerciendo de profesor de oratoria.  Allí lee sin descanso a los clásicos, profundiza en los antiguos pensadores y devora algunos textos de filosofía neoplatónica.  La lectura de los neoplatónicos, probablemente de Plotino, debilitó las convicciones maniqueístas de San Agustín y modificó su concepción de la esencia divina y de la naturaleza del mal; igualmente decisivo en la nueva orientación de su pensamiento serían los sermones de San Ambrosio, arzobispo de Milán, que partía de Plotino para demostrar los dogmas y a quien San Agustín escuchaba con delectación, quedando "maravillado, sin aliento, con el corazón ardiendo".

A partir de la idea de que «Dios es luz, sustancia espiritual de la que todo depende y que no depende de nada», San Agustín comprendió que las cosas, estando necesariamente subordinadas a Dios, derivan todo su ser de Él, de manera que el mal sólo puede ser entendido como pérdida de un bien, como ausencia o no-ser, en ningún caso como sustancia.

Dos años después, la convicción de haber recibido una señal divina (relatada en el libro octavo de las Confesiones) lo decidió a retirarse con su madre, su hijo y sus discípulos a la casa de su amigo Verecundo, en Lombardía, donde San Agustín escribió sus primeras obras.

En 387 se hizo bautizar por San Ambrosio y se consagró definitivamente al servicio de Dios.  En Roma vivió un éxtasis compartido con su madre, Mónica, que murió poco después.  Después de la muerte de su madre, acaecida en el puerto de Ostia (Roma) en el año 388, se dirigió a su pueblo natal, Tagaste, repartió su herencia entre los necesitados y fundó un monasterio donde convivió con los amigos que le acompañaron.

Su plan de vida está cifrado en la oración y la convivencia.  Sin embargo, su fama de hombre sabio se extiende y se convierte en el "consejero" de muchas personas, inclusive de otros países del mundo romano.  Este mismo año, 388, murió Adeodato, su hijo, que vivía con él.  En 388 regresó definitivamente a África.

En el año 391 viajó a Hipona para visitar a un amigo.  Estando en la Iglesia de la ciudad, los fieles le reconocen, lo aclaman y piden al Obispo Valerio que le haga sacerdote.  Es así que a los 32 años San Agustín entrega su persona a Dios, luego de una permanente búsqueda convirtiéndose a la fe católica.  Aunque Agustín no pensaba en el sacerdocio, fue ordenado sacerdote en Hipona en el año 391 por el anciano Obispo de Hipona, Valerio, quien le tomó por asistente y le encomendó la misión de predicar entre los fieles la palabra de Dios, tarea que San Agustín cumplió con fervor y le valió gran renombre; al propio tiempo, sostenía enconado combate contra las herejías y los cismas que amenazaban a la ortodoxia católica, reflejado en las controversias que mantuvo con maniqueos, pelagianos, donatistas y paganos.

Cinco años después San Agustín fue ordenado Obispo de Hipona, (después de la muerte de Valerio, hacia finales del 395);  dirigió la diócesis de Hipona durante treinta y cuatro años.  Desde este pequeño pueblo pescadores proyectaría su pensamiento a todo el mundo occidental.  Sus antiguos correligionarios maniqueos, y también los donatistas, los arrianos, los priscilianistas y otros muchos sectarios vieron combatidos sus errores por el nuevo campeón de la Cristiandad.  Su fama se extendió por todo el Imperio Romano.

Dedicó numerosos sermones a la instrucción de su pueblo, escribió sus célebres Cartas a amigos, adversarios, extranjeros, fieles y paganos, y ejerció a la vez de pastor, administrador, orador y juez.  Al mismo tiempo elaboraba una ingente obra filosófica, moral y dogmática; entre sus libros destacan:

- Los Soliloquios, las Confesiones, La ciudad de Dios, etc; extraordinarios testimonios de su fe y de su sabiduría teológica.

Al caer Roma en manos de los godos de Alarico (410), se acusó al cristianismo de ser responsable de las desgracias del imperio, lo que suscitó una encendida respuesta de San Agustín, recogida en La ciudad de Dios, que contiene una verdadera filosofía de la historia cristiana.

Durante los últimos años de su vida asistió a las invasiones bárbaras del norte de África (iniciadas en el 429), a las que no escapó su ciudad episcopal.  Al tercer mes del asedio de los vándalos que sitiaron Hipona, San Agustín se quedó, negándose a irse. Cayó enfermo sufriendo de fiebre, pidió soledad y reclusión y murió probablemente el día 28 de agosto del 430, a la edad de 75 años.

Su cuerpo fue enterrado en Hipona, y fue trasladado posteriormente a Pavia, Italia.  Después de su canonización por el Papa Bonifacio VIII (r. 1294-1303 EC) como el santo patrón de los cerveceros e impresores, entre otros.  San Agustín es un ejemplo para todos nosotros – un pecador que se hizo santo y que nos da esperanza a todos.  La Iglesia Católica reconocería el 28 de agosto como el día de San Agustín.

 


- La influencia de su acción pastoral a favor de los necesitados, el brillo de su predicación y la sabiduría de sus escritos marcan un camino que la Iglesia siguió durante más de dieciséis siglos. Sus escritos lo convierten en uno de los más importantes filósofos de la Antigüedad, especialmente las Confesiones, el De Civitate De¡ (el De Civiatate Dei que significa La ciudad de Dios), la correspondencia y los sermones.   Fue un autor prolífico que dejó una gran cantidad de obras de diferentes temáticas, elaboradas entre el 386 y el 419.

- San Agustín es uno de los ejemplos fundamentales de la búsqueda constante de Dios, de la verdad, del conocimiento. Esta búsqueda no la hizo en soledad sino en estrecha relación con los otros, en especial su madre Santa Mónica y sus amigos.  San Agustín dice: “Necesitamos de los otros para ser nosotros”.  Esta es otra enseñanza de Agustín, la importancia de la comunidad para la vida personal y para la búsqueda de la verdad en la reflexión y el diálogo con los otros.

- Pocos hombres han poseído un corazón tan afectuoso y fraternal como el de San Agustín. Se mostraba amable con los infieles y hasta los invitaba a comer con él, en cambio, se rehusaba a comer con los cristianos de conducta públicamente escandalosa y les imponía las penitencias canónicas.











27 de agosto de 2021

Frases de Aliento (353)





🎕 Santa Mónica 🎕




Hoy 27 de agosto, se celebra la fiesta dedicada a Santa Mónica, madre de San Agustín.

De origen bereber, nació en Tagaste, actual Souk-Aharás, a unas cuarenta millas de la ciudad portuaria de Hipona, Argelia, el año 332.
Era de familia bien situada social y económicamente, de profunda Fe cristiana, que se mantuvo fiel durante el avasallador cisma donatista (el donatismo nació en Argelia de Donato, obispo de Cartago , como reacción al relajamiento de costumbres, pero se pasó en su rigor, impidiendo, por ejemplo, a los sacerdotes que no llevaran una vida absolutamente intachable, administrar los sacramentos y que ni siquiera pudieran decir Misa).  Mónica tuvo la gran suerte que una de las antiguas criadas de la casa, que había servido desde que su padre era un niño, la educó como si fuera su madre y la previno de todo lo que la pudiera apartar de Dios.  Su formación estuvo a cargo de esta mujer muy religiosa, pero también de muy fuerte disciplina.

Después de recibir el bautismo en plena juventud, según la costumbre de la época, se sintió cada vez más inclinada a la vida de oración.  Ella hubiera querido consagrar su vida a Dios, pero sus padres la casaron a los 20 años con un hombre llamado Patricio, (en ese entonces la mujer no contaba en la elección del esposo ni en la organización de su boda), el era empleado municipal, muy trabajador pero que además de ser pagano y mucho mayor que ella, nunca la respetó, sino que le infligió gravísimo maltrato durante treinta años.  Era pronto a la ira, mujeriego, bebedor, ludópata, y tan insensible hacia lo espiritual que su temperamento violento se manifestaba a la primera de cambio, no obstante, ante la sorpresa de sus amistades, dado ese temperamento colérico y las costumbres de la época, jamás la golpeó.  El amor y la dulzura que le demostraba continuamente Mónica debieron hacer imposible que la golpeara.

Según su hijo, san Agustín, su padre era, “sumamente cariñoso y, a la vez, extremadamente colérico”.  En medio de esta dramática espiral que presidía su hogar, Mónica acudía a misa diariamente y sobrellevaba los constantes atropellos con heroica paciencia.  No queriendo exasperarlo en modo alguno, guardaba silencio o respondía con dulzura mostrando su buen carácter cuando la situación se tornaba insostenible.

Poco a poco, y a fuerza de dar testimonio con su vida, amparada en el amor de Dios, con oración y sacrificios fue venciendo la dureza del corazón de su esposo y se produjo lo que parecía un imposible: su conversión al cristianismo.  Patricio se bautizó el año 371.  Antes Mónica ya se había ganado a pulso la simpatía de su suegra, una mujer de agrio carácter y entrometida en las cuestiones de su hogar.  Pero a Mónica aún le quedaba apurar otro cáliz, ya que de tres hijos nacidos en el matrimonio, una mujer y dos varones, Agustín iba a darle no pocos quebraderos de cabeza.

Patricio murió un año después de ser bautizado, y ella tuvo que lidiar en soledad con el tarambana de Agustín, que si bien era brillante en sus estudios y se había formado rigurosamente en Cartago, en su vida personal dejaba mucho que desear.  Experto en filosofía, literatura y oratoria, pero completamente alejado de la fe, iba sumiéndose en un pozo cada vez más hondo para consternación de Mónica que sufría indeciblemente.  Hubo una breve inflexión en la vida de Agustín que hizo pensar que le daría un giro definitivo.  El hecho es que tras la muerte de su padre, enfermó, y temiendo seguir sus pasos pensó en hacerse católico; hasta recibió instrucción para ello.  Pero en cuanto sanó, se involucró con los maniqueos y prosiguió dando tumbos.

Un día Mónica lo echó de casa sin contemplaciones al ver que no desistía de sus errores y falsedades contrarios a la verdadera religión.  En un sueño vio que alguien se acercaba a consolarla en medio de su dolor por la pérdida espiritual de Agustín, y le aseguraba que volvería con ella.  La interpretación de éste fue que su madre se haría maniquea como él.  Pero Mónica respondió:

- «En el sueño no me dijeron, la madre irá a donde el hijo, sino el hijo volverá a la madre».

Aunque Agustín quedó impresionado por la respuesta, aún tardó nueve años en convertirse.

El obispo de Tagaste, conmovido por los sacrificios y sufrimientos de Mónica, le había asegurado:

- «es imposible que se pierda el hijo de tantas lágrimas».

Ella continuó orando y llorando, pero también lo siguió con religiosa terquedad a Roma para rescatarlo de las malas influencias.  Agustín, al ver que iba tras él, intentó esquivarla tomando un barco, pero cuando ella se percató de la maniobra, se embarcó en otra nave.

Después, en Milán Mónica tomó contacto con San Ambrosio, cuya intervención sería decisiva para la conversión de Agustín el año 387.  Abrazado por fin al cristianismo, el santo volvió con su madre.

Antes de que le asaltara la última enfermedad, Mónica le había confiado:

- «Hijo, ya nada de este mundo me deleita.  Ya no sé cuál es mi misión en la tierra ni por qué me deja Dios vivir, pues todas mis esperanzas han sido colmadas.  Mi único deseo era vivir hasta verte católico e hijo de Dios.  Dios me ha concedido más de lo que yo le había pedido, ahora que has renunciado a la felicidad terrena y te has consagrado a su servicio».

Es así que poco tiempo después, ese mismo año 387, mientras se encontraba preparándose para volver a África junto a sus dos hijos y nieto, cuando Santa Mónica tenía cincuenta y seis años,  a consecuencia de unas fiebres murió en Ostia Tiberina, cerca de Roma, el mismo año en que vivió la conversión de San Agustín.

Las fiestas de santa Mónica y san Agustín se estuvieron celebrando en fechas distantes y distintas: ella el 4 de mayo y él en 28 de agosto.  La orden de san Agustín siguió celebrando algunos años fiesta de santa Mónica el 4 de mayo y se sigue celebrando en algunos lugares.  Un acierto de la reforma litúrgica del año 1969 fue poner la fiesta de santa Mónica el día 27 de agosto. 

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- ¡Oh Santa Mónica! Desde esa felicidad en donde gozas con tu hijo que te debe la vida temporal y eterna, dirige tu mirada a tantas madres cristianas que cumplen en este momento la noble y dura misión en que tú misma te ocupaste.


- Santa Mónica es ejemplo de una mujer piadosa y dedicada a su familia quien logró la conversión de su hijo y su esposo gracias a la fe.


- La iglesia ha canonizado a Santa Mónica, en la que honra a las madres y esposas cristianas, no sólo por su vida de Fe y oración, sino también por la conversión del pagano Patricio, su marido, unas veces dulce, tierno y cariñoso y otras brutal, colérico e infiel; y, en mayor medida, por la también conversión de su hijo Agustín, una de las inteligencias más preclaras de la humanidad, pecador herético y converso, que alcanzó tan eminente santidad y sabiduría doctrinal que es Padre de la Iglesia. 



















24 de agosto de 2021

Saluditos (244)








23 de agosto de 2021

Frases de Aliento (352)





22 de agosto de 2021

🎕Santa María Reina🎕




22 de agosto:
Día de Santa María Reina, madre de Jesús y de todos los hombres

La Virgen inmaculada, preservada por Dios de toda huella del pecado original, habiendo concluido el transcurso de su vida terrestre, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria del Cielo, y exaltada por el Señor como la Reina del universo, con el fin de que se asemejase de forma más plena a su Hijo, Señor de señores y vencedor del pecado y de la muerte".



LA CORONACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA COMO REINA DEL UNIVERSO

Pablo VI dice en su Exhortación Apostólica Marialis cultus:

«La solemnidad de la Asunción se prolonga jubilosamente en la celebración de la fiesta de la Realeza de María, que tiene lugar ocho días después y en la que se contempla a Aquella que, sentada junto al Rey de los siglos, resplandece como Reina e intercede como Madre».

Se subraya así el vínculo profundo que existe entre la Asunción y la Coronación de la Virgen. En esa misma línea de pensamiento, el Concilio Vaticano II, en su Constitución sobre la Iglesia, enumera las grandezas de la Madre de Jesús, que culminan en su coronación:
Los Apóstoles (recuerda), antes de recibir el Espíritu Santo el día de Pentecostés, perseveraban unánimes en la oración con María, la Madre de Jesús. También María imploraba con sus oraciones el don del Espíritu, que en la Anunciación ya la había cubierto a ella con su sombra. Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de culpa original, terminado el decurso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial, y fue ensalzada por el Señor como Reina universal con el fin de que se asemejase de forma más plena a su Hijo, Señor de señores y vencedor del pecado y de la muerte (Lumen gentium, 59).

Pío XII, en su Encíclica sobre la Realeza de María, exponía que el pueblo cristiano, desde los primeros siglos de la Iglesia, ha elevado suplicantes oraciones e himnos de loa y de piedad a la “Reina del Cielo”, tanto en sus tiempos de felicidad y alegría como en los de angustia y peligro; y que nunca falló la esperanza en la Madre del Rey divino, Jesucristo, ni languideció la fe que nos enseña que la Virgen María, Madre de Dios, reina en todo el mundo con maternal corazón, y está coronada con la gloria de la realeza en la bienaventuranza celestial.

Con razón (añadía el Papa), el pueblo cristiano ha creído siempre que Aquella de quien nació el Hijo del Altísimo, Príncipe de la Paz, Rey de reyes y Señor de los señores, recibió de Dios singularísimos privilegios de gracia; y considerando luego las íntimas relaciones que unen a la madre con el hijo, ha reconocido en la Madre de Dios una regia preeminencia sobre todos los seres.
En la tradición cristiana, ya los antiguos escritores, fundados en las palabras del arcángel San Gabriel, que predijo el reinado eterno del Hijo de María, y en las de Isabel, que se inclinó reverente ante ella llamándola Madre de mi Señor, llamaban a María Madre del Rey y Madre del Señor, queriendo significar que de la realeza del Hijo se derivaba la de su Madre.

La sagrada Liturgia, fiel espejo de la enseñanza comunicada por los Padres y creída por el pueblo cristiano, ha cantado en el correr de los siglos y canta de continuo, así en Oriente como en Occidente, las glorias de la celestial Reina:
Salve Regina, Regina caeli laetare, Ave Regina caelorum, etc.
También el arte, al inspirarse en los principios de la fe cristiana, y como fiel intérprete de la espontánea y auténtica devoción del pueblo, ya desde el Concilio de Éfeso, ha representado a María como Reina y Emperatriz coronada.

Desde el punto de vista teológico, el argumento principal en que se funda la dignidad regia de María es su divina maternidad: el ser madre de Jesucristo, el único que en sentido estricto, propio y absoluto, es Rey del Universo por naturaleza.  A lo que hay que añadir que la Virgen también es proclamada Reina en razón de la parte singular que por voluntad de Dios tuvo, asociada a su Hijo, en la obra de nuestra eterna salvación.



La fiesta de María Reina, ahora trasladada al 22 de agosto, la instituyó en 1954 Pío XII, quien, después de fijarla para el 31 de mayo, escribía en su ya citada Encíclica:
«Procuren todos acercarse ahora con mayor confianza que antes, todos cuantos recurren al trono de la gracia y de la misericordia de nuestra Reina y Madre, para pedir socorro en la adversidad, luz en las tinieblas, consuelo en el dolor y en el llanto, y, lo que más interesa, procuren liberarse de la esclavitud del pecado... Sean frecuentados sus templos por las multitudes de los fieles, para en ellos celebrar sus fiestas; en las manos de todos esté la corona del Rosario para reunir juntos, en iglesias, en casas, en hospitales, en cárceles, tanto los grupos pequeños como las grandes asociaciones de fieles, a fin de celebrar sus glorias. En sumo honor sea el nombre de María... Empéñense todos en imitar, con vigilante y diligente cuidado, en sus propias costumbres y en su propia alma, las grandes virtudes de la Reina del Cielo y Madre nuestra amantísima. Consecuencia de ello será que los cristianos, al venerar e imitar a tan gran Reina y Madre, se sientan finalmente hermanos, y, huyendo de los odios y de los desenfrenados deseos de riquezas, promuevan el amor social, respeten los derechos de los pobres y amen la paz».


- María Reina, la que comparte la vida y el amor de Cristo Rey.


- María es honrada desde tiempos antiguos como reina y con tal título es invocada trece veces en las Letanías Lauretanas.


- María ha sido elevada sobre la gloria de todos los santos y coronada de estrellas por su divino Hijo. Está sentada junto a Él y es Reina y Señora del universo.


- María está sentada en el Cielo, coronada por toda la eternidad, en un trono junto a su Hijo. Tiene, entre todos los santos, el mayor poder de intercesión ante su Hijo por ser la que más cerca está de Él.


- Es Reina del Cielo y de la Tierra, gloriosa y digna Reina del Universo, a quien podemos invocar día y noche, no sólo con el dulce nombre de Madre, sino también con el de Reina, como la saludan en el cielo con alegría y amor los ángeles y todos los santos.


- María es la mujer con una corona de doce estrellas (Ap 12, 1), llamada desde la eternidad a aplastar la cabeza de Satanás (Gén 3, 15), el primer enemigo de Dios y de todo el género humano.

Por consiguiente, la ayuda de la Virgen tiene que pedirse siempre con gran confianza para obtener «socorro en la adversidad, luz en las tinieblas, consuelo en el dolor y en el llanto» y sobre todo, escribe Pío XII, para «liberarse de la esclavitud del pecado» y merecer contemplar un día con Ella la Santísima Trinidad.












19 de agosto de 2021

Frases de Aliento (351)





17 de agosto de 2021

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🎕Asunción de la Santísima Virgen en Cuerpo y Alma al Cielo🎕



Hoy 15 de agosto la Iglesia celebra la solemnidad de la Asunción de la Virgen María.  Es una de las fiestas marianas más importantes.

Es la última verdad enseñada por la Iglesia al ser definida por el Papa Pío XII el 1 de noviembre de 1950; y como es un dogma de fe, no hay posibilidad de que seamos engañados al admitirlo, pues el Papa goza de la prerrogativa de la infalibilidad, como nos enseñó el Concilio Vaticano I el años 1870. (No obstante, esta fiesta se lleva celebrando desde el siglo VII).

El dogma no toca algunas cuestiones muy relacionadas con el, como si la Virgen murió o no, y si la respuesta es afirmativa, no nos dice si resucitó.  Estas cuestiones han quedado a la libre aceptación y discusión de los fieles, sobre todo de los teólogos.
Lo enseñado por Pío XII en la Constitución “Munificentissimus Deus  es:
“Que la Inmaculada Madre De Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”.
Sin embargo, el documento pontificio no especifica si Santa María falleció.

Dentro de la libertad para aceptar que María muriera está una tradición muy metida en la creencia de los ortodoxos orientales. Algunos afirmaban que se había producido la dormición de la Virgen.
Hasta es muy visitada en Jerusalén la basílica de la Dormición de la Virgen que los bizantinos construyeron a comienzos del siglo V. En el monte Eleón, que está fuera de la muralla de la ciudad vieja y muy cerca de la Basílica, cerca se encuentra la tumba de David y el Cenáculo donde Jesús instituyó la Eucaristía en la Ultima Cena. En la cripta de la Basílica atendida por una comunidad de Benedictinos que forman la Abadía de la Dormición hay una venerada imagen que representa a la Virgen acostada, con un mosaico en la cúpula que representa a Jesucristo que viene a llevar su alma.

Según una tradición muy antigua, el arcángel san Gabriel le habría anunciado a María que su Hijo vendría a buscarla después de tres días.
El mismo Jesucristo había avisado a los apóstoles que se reunieran en Jerusalén para despedirse de María.  Todos ellos habrían acompañado el cuerpo de María, que había sido enterrada junto a las tumbas de sus padres y de su esposo San José en Getsemaní, que está cerca de la Basílica de la Dormición.  Pero Tomás no llegó a tiempo del entierro de María y quiso ver su cuerpo para despedirse el él.  Cuando abrieron la tumba, el cuerpo de la Virgen no estaba, y sólo vieron los lienzos con que lo habían envuelto.
Por la noche oyeron una música celestial y vieron a María que suspendida en el aire les decía: “alégrense, porque yo estaré con ustedes todos los días”.


La afirmación de que la Virgen, para parecerse más a su Hijo, habría sufrido el dolor de la muerte, ha tenido siempre muchos seguidores. En este caso, Jesús habría resucitado a su Madre y a continuación la habría llevado al cielo para estar junto al Padre, como la esclava del Señor, y junto a su amado esposo el Espíritu Santo.


La asunción se refiere cuando la Santísima Virgen María sube al cielo al final de sus días, sin morir y se trata de una de las celebraciones más solemnes de la Iglesia. Según establece la liturgia eclesiástica la asunción de María representa el consuelo para el pueblo y la esperanza de una vida más allá de la terrenal.

Este día la Iglesia celebra la victoria de Dios en la Virgen María sobre la muerte, participación, como no podía ser de otra manera, en la victoria de su Hijo, Jesucristo, en su resurrección de entre los muertos: la gran novedad en la historia humana.





 Nancy  A. Sparrow




 

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