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27 de agosto de 2016

馃帟Santa M贸nica馃帟




Santa M贸nica madre de San Agust铆n, cuya fiesta celebramos hoy 27 de agosto...

Los hombres la habr铆an desconocido hasta el 煤ltimo d铆a si la pluma del gran obispo de Hipona, guiada por su coraz贸n filial, no hubiese revelado a los siglos futuros esta mujer cuya vida no fue sino humildad y amor, y que desde ahora inmortal a煤n en esta tierra, es proclamada como modelo y protectora de madres cristianas....

Lo que conocemos de Santa M贸nica se lo debemos a su hijo Agust铆n, que en sus escritos, principalmente en las Confesiones y en los Di谩logos, hace una emocionada pero objetiva descripci贸n de su madre.

"San Agust铆n no hubiera sido lo que fue sin esta mujer que ten铆a un coraz贸n excepcionalmente bueno”, a lo que le a帽adi贸 un obispo al que consult贸: “No es posible que se pierda un hijo de tantas l谩grimas”. (Carlos Pujol, LA CASA DE LOS SANTOS, Ediciones RIALP, 2陋 edici贸n, 1989, p.290).

La futura santa M贸nica, naci贸 en Tagaste, la actual Souk-Ahr谩s argelina, de una familia bien situada social y econ贸micamente.

A lo largo de su vida M贸nica tuvo tres motivos de grandes sufrimientos, que llev贸 con tanto amor y paciencia que acrecentaron su vida interior y contribuyeron a su uni贸n con Dios.

A M贸nica la casaron a los 20 a帽os con Patricio. Entonces la mujer no contaba en la elecci贸n del esposo ni en la organizaci贸n de su boda. Patricio, empleado municipal, a veces tierno y cari帽oso y otras violento y brutal, no obstante, ante la sorpresa de sus amistades, dado ese temperamento col茅rico y las costumbres de la 茅poca, jam谩s la golpe贸. El amor y la dulzura que le demostraba continuamente M贸nica debieron hacer imposible que la golpeara. Seg煤n su hijo, san Agust铆n, su padre era, “sumamente cari帽oso y, a la vez, extremadamente col茅rico”.

Quiz谩s, hoy, se considerara el comportamiento de M贸nica, que ni siquiera ech贸 en cara a su marido sus continuas infidelidades, como apocado y equivocado, pero, lo cierto es que el cari帽o constante, el testimonio y las palabras de M贸nica, fueron el medio por el que Patricio se convirtiera y se bautizara, comport谩ndose desde entonces como un aut茅ntico cristiano, “no teniendo que lamentar en 茅l siendo fiel lo que hab铆a tolerado siendo infiel” (San Agust铆n, Confesiones 9, 9,20).

M贸nica tuvo tres hijos. Posiblemente el primog茅nito fuera Agust铆n. Despu茅s a Navigio, que vivi贸 con ella la mayor parte de su vida, hasta que se cas贸. Y una hija que enviud贸 muy pronto y fue abadesa de un monasterio.

M贸nica, al casarse, goz贸 de mayor libertad que como hija, por cuanto los romanos reconocieron, por influjo del cristianismo, una mayor dignidad de la mujer, al punto que la administraci贸n de la casa la llevaba ella, la educaci贸n de los hijos, las compras, las tareas asignadas a los criados y en general la marcha de la familia y la formaci贸n de un ambiente de hogar, dependi贸, sobre todo, de ella.

El segundo motivo de sufrimiento, lo caus贸 la madre de Patricio, mujer suspicaz, a la que alentaban en sus pensamientos torcidos y sospechas las criadas, cont谩ndole, cuentos e invenciones contra M贸nica. Pero el tiempo jugaba a favor de M贸nica y de su comportamiento intachable. La suegra, se convenci贸 de la falsedad completa de aquellos infundios y tras castigar severamente a las criadas, se uni贸 cada vez m谩s a su nuera que no la defraud贸.

“La misma grandeza de 谩nimo mostr贸 en sus relaciones con amigas y conocidas, de quienes se convirti贸 en pa帽o de l谩grimas. Nunca se permiti贸 comentario alguno que fuera en descr茅dito del pr贸jimo, y mucho menos de su marido; ese mismo proceder aconsej贸 a sus amigas. Las exhortaba a ser tolerantes con sus esposos y no airear las faltas de los ausentes. Aborrec铆a el comadreo y se esforzaba por limar aristas y conciliar los 谩nimos encontrados. Nunca contaba nada a la una de la otra, sino aquello que pod铆a servir para su reconciliaci贸n” (San Agust铆n, Confesiones 9, 9, 21).

El tercer motivo de sufrimiento, que como los dos anteriores termin贸 en gozo y alegr铆a, fue su hijo Agust铆n, al que, al nacer, llev贸 a la Iglesia y le inscribi贸 entre los catec煤menos, si bien no le bautiz贸, porque entonces este sacramento se retrasaba hasta la mayor铆a de edad. Le proporcion贸, de acuerdo con su marido, la mejor de las educaciones posibles, e incluso, cuando Patricio falleci贸 y la econom铆a familiar se resinti贸, continu贸, no obstante, con aquella educaci贸n tan esmerada como costosa. M谩s a煤n, al enterarse M贸nica, con 铆ntimo dolor, de las desviaciones her茅ticas y extrav铆os morales de su hijo, sacrific贸, en alguna medida, el esp铆ritu por el 茅xito en esos estudios, ya que pensaba que le ser铆an “de no poca ayuda para alcanzarte a Ti (Dios)” (San Agust铆n, Confesiones, 2, 4, 8).

En efecto, Agust铆n profes贸 en la secta de los maniqueos que atacaban a la Iglesia y en consecuencia, a las creencias m谩s profundas de su madre. Pero, desilusionado de la doctrina maniquea, march贸 a Cartago, donde le sigui贸 su madre, y se inici贸 en las ense帽anzas de los esc茅pticos, que tampoco satisficieron sus ansias de verdad, por lo que enga帽贸 a su madre y a escondidas embarc贸 a Roma. Su madre, a pesar de su dolor, sabiendo que era la 煤nica persona que frenaba las desviaciones doctrinales y morales de su hijo, embarc贸 igualmente y le encontr贸 en Roma. Agust铆n hab铆a abandonado el escepticismo, porque all铆 tampoco encontraba la verdad que buscaba y asist铆a a las meditaciones de san Ambrosio. Ello alegr贸 enormemente a su madre, con raz贸n, dado que un d铆a su hijo le comunic贸 su conversi贸n al cristianismo.

Tras el correspondiente catecumenado, finalmente, la noche de Pascua, con una alegr铆a indescriptible, M贸nica asisti贸 al Bautismo de su hijo, junto con el de su nieto Adeodato y el del amigo de toda la vida de su hijo, Alipio.

Pocas semanas despu茅s se encontraban los cuatro en Ostia para embarcar hacia 脕frica, pero M贸nica sinti贸 cercana su muerte.

“Hijo m铆o, nada me atrae ya en esta vida ….. Una cosa deseaba, verte cristiano antes de morir. Dios me lo ha concedido con creces, puesto que, te veo siervo suyo. ¿Qu茅 hago yo ya aqu铆?” (San Agust铆n, Confesiones 9,10,26), y “a los nueve d铆as de su enfermedad, a los 56 a帽os de su edad y 33 de la m铆a, fue liberada del cuerpo aquella alma religiosa y p铆a” (San Agust铆n, Confesiones, 9,11,28).

“Enterrad este cuerpo en cualquier parte, ni os preocupe m谩s su cuidado, s贸lo os ruego que os acord茅is de m铆 ante el altar del Se帽or…. Nada hay lejos para Dios ni hay que temer que ignore al fin del mundo donde estoy para resucitarme” (San Agust铆n, Confesiones, 9, 11,27-28). Su hijo, la enterr贸, all铆 mismo, en Ostia.

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Entre los mejores bi贸grafos de la vida de santa M贸nica se encuentra, sin duda, el hagi贸grafo ya citado, Javier Guerra:
“Por su vida personal, por su influjo en la vida de san Agust铆n… Santa M贸nica merece un puesto de honor en el santoral cristiano. Su determinaci贸n, su entereza de 谩nimo, su inteligencia, su amor materno y su fidelidad a la Iglesia resultaron decisivas en la conversi贸n religiosa de su hijo, uno de los mayores padres de la Iglesia y figura cimera de la cultura occidental. Y esa actitud la convierte en modelo perenne de esposas y madres cristianas. La Iglesia, al honrar su memoria, satisface en cierto modo la inmensa deuda que tiene contra铆da con tantas mujeres an贸nimas, que no s贸lo han preservado la fe de sus hijos, sino que los han conducido al servicio de la Iglesia y de la sociedad.” (Javier Guerra, O.A.R. Prior General, NUEVO A脩O CRISTIANO –Director, Jos茅 A. Mart铆nez Puche-, Tomo 8, Ed. EDIBESA, 2001, p.630).

Santa M贸nica est谩 declarada como Patrona de Madres y Esposas. Modelo de las madres cristianas. ​Anteriormente venerada en la Iglesia cat贸lica y la Iglesia ortodoxa el 4 de mayo, en la actualidad lo es el 27 de agosto, el d铆a anterior a la de su gran hijo tambi茅n santo, quien por una coincidencia singular, muri贸 el 28 de agosto de 430.

La historia de M贸nica nos ense帽a que la oraci贸n de intercesi贸n no depende solamente del grado de santidad, sino de la humildad y la persistencia que uno tenga.
A.D.









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