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17 de julio de 2022

✞Beatas mártires de Compiègne✞




Cada 17 de julio, la Iglesia Católica recuerda a las 16 carmelitas mártires de Compiègne, decapitadas un día después de la Virgen del Carmen en el año 1794.

Las carmelitas mártires fueron asesinadas por odio a Cristo durante la Revolución Francesa.  A estas mártires se les conoce también como las «Teresianas», en alusión a la Beata Teresa de San Agustín, priora del monasterio carmelita de Compiègne donde se establecieron en 1641.

Sin embargo, iniciada la Revolución, el convento en el que vivían las religiosas fue cerrado y sus integrantes forzadas a vivir como seglares, de acuerdo a la ley revolucionaria de 1790.  Luego obligaron a las religiosas a firmar el llamado “juramento revolucionario”, por el que se comprometían a defender los valores de la revolución: libertad, igualdad y fraternidad. Sometiéndose a dicha ley evitaron ser deportadas, pero tuvieron que disgregarse.

Fue así que las integrantes de la comunidad pasaron a residir en cuatro casas distintas, en la clandestinidad.  Cuando la situación parecía haberse calmado un poco, Teresa de San Agustín, antigua priora del convento, propuso a sus hermanas retomar la disciplina de la vida conventual, aunque estuviesen exclaustradas.  De ese modo, pese a vivir separadas, las monjitas retomaron la relación de obediencia con su superiora y comenzaron a comunicarse entre ellas a diario.

Pero finalmente fueron descubiertas y denunciadas por los defensores de la Revolución en Francia, fueron detenidas, acusadas por ser "conspiradoras contra la revolución".
Registraron las casas donde se encontraban, para incautar toda prueba de vida conventual: hallaron una estampa del Sagrado Corazón, algunas cartas y escritos, que sirvieron de pretexto para acusarlas y apresar a 16 de ellas.

Los revolucionarios juntaron a las prisioneras en un solo recinto.  Todas ellas se encomendaron a la Virgen del Carmen y acordaron retractarse del juramento revolucionario, y no aceptar más imposiciones que comprometieran su fe.

Cuando se solicitó que firmaran de nuevo el juramento, las carmelitas se negaron.  Acto seguido, fueron acusadas de "conspiradoras contra la revolución".   Fueron trasladadas a París para ser encerradas en la prisión de la Conciergerie, que tenía la fama de ser la antesala de la guillotina.

Allí establecieron una rutina de oración conventual sin temor a ser ajusticiadas.   Durante el tiempo que estuvieron encerradas supieron dar ejemplo a los compañeros de prisión de su alegría y conformidad con la voluntad de Dios.  Las monjitas, incluso, se las arreglaron para celebrar a la Virgen del Carmen el 16 de julio.  Aquel fue un día glorioso en la prisión, en el que se pudo respirar algo de serena alegría y solemnidad.

Pero a la mañana siguiente, el 17 de julio de 1794, las 16 carmelitas comparecieron ante el Tribunal Revolucionario, fueron sometidas a juicio sumario por su fidelidad a la Iglesia y por su fidelidad a los sagrados Corazones de Jesús y María y fueron condenadas a la pena de muerte (todas las religiosas) por decapitación.

Llevadas a la guillotina, renovaron ante la superiora su profesión religiosa, y mientras al pie de la guillotina cantaban himnos sagrados entre ellos el el canto del «Te Deum», y fueron subiendo una por una a entregar la vida, como ofrenda a Cristo entregando sus cabezas al verdugo, siendo la ultima la priora teresa de san Agustín, quien las había preparado para el martirio y les repetía “El amor siempre saldrá victorioso”.

Así se cumpliría lo que cien años antes había vaticinado una carmelita de la misma comunidad de Compiègne.  Aquella religiosa tuvo una visión en la que aparecían las monjas del monasterio vestidas de blanco, llevando la palma del martirio en las manos.

Las dieciséis carmelitas de Compiègne fueron beatificadas por el Papa San Pío X en 1906.




 Nancy  A. Sparrow




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