Desconosco el autor
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22 de agosto de 2008
Aprovecha el día
No dejes que termine sin haber alimentado tus sueños. No te dejes vencer por el desaliento. No permitas que nadie te quite el derecho de expresarte, que es casi un deber. No abandones tus ansias de hacer de tu vida algo extraordinario. No dejes de creer que las palabras y la poesía sí pueden cambiar el mundo. Porque pase lo que pase, nuestra esencia está intacta.
Somos seres humanos llenos de posibilidades. La vida es desierto y oasis, nos derriba, nos lastima, nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia. No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores, el silencio. La mayoría vive en un silencio espantoso. No te resignes. Huye !!Emite tu alarido sano por los techos de este mundo. Valora la belleza de las cosas simples, y también la simpleza de la belleza. No traiciones tus creencias, todos necesitamos aceptación, pero no podemos remar en contra de nosotros mismos, eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta el pánico que provoca tener la vida por delante. Vívela intensamente sin mediocridades. Piensa que en ti está el futuro y encara la tarea con orgullo y sin miedo. Aprende de quienes pueden enseñarte. No existe nadie tan sabio que no pueda aprender algo nuevo, como tampoco hombre tan pobre que no tenga algo por enseñar.
¡¡Aprende!! pero sobre todo aprende a vivir. ¡¡Enseña!! No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas...
Desconosco el autor
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20 de agosto de 2008
La niña del helado
Anita no sabía qué le pasaba a su abuela. Siempre se olvidaba de todo: dónde había guardado el azúcar, cuándo vencían las cuentas y a qué hora debía estar lista para que la llevaran de compras a la tienda.
-¿Qué le pasa a la abuela? -preguntó-.
Era una señora tan ordenada... Ahora parece triste, perdida, y no recuerda las cosas.
-La abuela está envejeciendo-contestó mamá-... En estos momentos necesita mucho amor, querida.
-¿Qué quiere decir envejecer?- preguntó Anita-.
¿Todo el mundo se olvida de las cosas?
¿Me pasará a mí?
¿Todo el mundo se olvida de las cosas?
¿Me pasará a mí?
-No, Anita, no todo el mundo se olvida de las cosas cuando envejece. Creemos que la abuela tiene la enfermedad de Alzheimer y eso la hace más olvidadiza. Tal vez tengamos que ponerla en un hogar especial donde puedan darle los cuidados que necesita.
-Oh, mamá, qué horrible! ... Va a extrañar mucho su casita, ¿no es cierto?
-Tal vez, pero no hay otra solución. Estará bien atendida y allí encontrará nuevas amigas.
Anita parecía apesadumbrada. La idea no le gustaba en absoluto.
-¿Podremos ir a verla con frecuencia? -preguntó- La voy a extrañar, aunque se olvide de las cosas.
-Podremos ir los fines de semana -contestó mamá-. Y llevarle regalos.
-¿Un helado, por ejemplo? A la abuela le gusta el helado de fresas - sonrió Anita.
La primera vez que visitaron a la abuela en el hogar para ancianos, Anita estuvo a punto de llorar.
-Mamá, casi toda esta gente está en silla de ruedas - observó.-
La necesitan; de lo contrario se caerían -explicó mamá-. Ahora, cuando veas a la abuela, sonríe y dile que se la ve muy bien. La abuela estaba sentada, muy sola, en un rincón de lo que llamaban la sala de sol.
Tenía la mirada perdida entre los árboles de afuera. Anita abrazó a la abuela.
-Mira-le dijo-, te trajimos un regalo: helado de fresas, el que más te gusta!
La abuela tomó el vaso de papel y la cucharita y empezó a comer sin decir palabra.
-Estoy segura de que lo está disfrutando, querida -le aseguró la madre.
-Pero parece no conocernos- dijo Anita, desilusionada.
-Tienes que darle tiempo-explicó mamá-. Está en un nuevo ambiente y debe adaptarse.
Pero la próxima vez que visitaron a la abuela sucedió lo mismo. Comió el helado y sonrió a ambas, pero no dijo palabra.
-Abuela, ¿sabes quién soy? -preguntó Anita.
-Eres la chica que me trae helado - dijo la abuela.
-Sí, pero también soy Anita, tu nieta... ¿No te acuerdas de mí? - preguntó, rodeando con sus brazos a la anciana.
La abuela sonrió levemente. -¿Si recuerdo?... Claro que recuerdo. Eres la niña que me trae helado.
De pronto, Anita se dio cuenta de que la abuela nunca la recordaría. Estaba viviendo en su propio mundo, rodeada de recuerdos difusos y de soledad.
-¡Siento mucho amor por ti, abuela! -exclamó-
En ese momento vio rodar una lágrima por la mejilla de su abuela.
-Amor-dijo-. Recuerdo el amor.
-¿Ves, querida? Eso es todo lo que desea -intervino mamá-.
Amor.-Entonces le traeré helado todos los fines de semana y la abrazaré aunque no me recuerde-resolvió Anita.
Después de todo, recordar el amor era mucho más importante que recordar un nombre.
Desconosco el autor
Oración para sonreir
Señor, renueva mi espíritu y dibuja en mi rostro sonrisas de gozo por la riqueza de tu bendición.
Que mis ojos sonrían diariamente por el cuidado y compañerismo de mi familia y de mi comunidad.
Que mi corazón sonría diariamentepor las alegrías y dolores que compartimos.
Que mi boca sonría diariamentecon la alegría y regocijo de tus trabajos.
Que mi rostro dé testimonio diariamentede la alegría que tú me brindas.
Gracias por este regalo de mi sonrisa, Señor.
Madre Teresa de Calcuta
19 de agosto de 2008
Todos somos diferentes
Lo que hace entretenida la existencia es que todos los seres humanos somos diferentes. Cada una de nosotras es un producto único en el Universo. Nadie tiene tus mismos pensamientos, sentimientos ni percepciones.
Y es esta diversidad la que nos permite aprender unos de otros.
Por este motivo, no es posible encontrar a alguien que comparta exactamente tus ideas. Podrán coincidir en mucho, pero nunca será igual. Y la mayoría, tendrá ideas diferentes. ¡Y a cada cual le gusta tener sus propios conceptos!
Por este motivo, no es posible encontrar a alguien que comparta exactamente tus ideas. Podrán coincidir en mucho, pero nunca será igual. Y la mayoría, tendrá ideas diferentes. ¡Y a cada cual le gusta tener sus propios conceptos!
Para relacionarnos con los demás necesariamente tenemos que conciliar y ceder algo. Al no ser idénticos, debemos de conversar para ponernos de acuerdo en acciones comunes. Si tratas de imponer tus ideas, tu éxito será pobre. Los demás se resistirán a ceder.
Si quieres que los demás se unan a tus ideas, comienza destacando lo que se comparte. Pon énfasis en lo que están de acuerdo y no le des mucha importancia a los desacuerdos. No critiques al otro, no le hagas sentir inferior, no lo ignores.
Si deseas que tu oponente vea las cosas desde tu punto de vista, plantea más bien indirectas: algunos piensan que..., tal vez se podría ver desde otro ángulo..., ¿no crees que se puede tomar este otro camino?... La mayoría de las veces este es un método mucho más efectivo que obligar a pensar al otro como tú piensas.
Escúchalo sinceramente y seguramente aprenderás nuevas alternativas para realizar tus metas.
nbas
16 de agosto de 2008
Descalzarse para entrar en el otro
Una mañana, meditando un anuncio me encontré con una expresión que resonó de una manera muy especial en mi corazón: “Descalzarse para entrar en el otro.”
Le pregunté al Señor qué significaba esto. Se me ocurrían palabras como respeto, delicadeza, cuidado, prudencia.
Me sentí impulsada a leer las palabras del Exodo 3,5: “No te acerques más, sácate tus sandalias porque lo que pisas es un lugar sagrado.”
Fueron las palabras de Yahvé a Moisés ante la zarza que ardía sin consumirse, y pensé: “Si Dios habla al interior de mi hermano, su corazón es un lugar sagrado.”
No tardé en ponerme en oración. Jesús me presentaba uno a uno a mis amigos y conocidos y luego a otros.
Y descubrí cómo habitualmente entro en el interior de cada uno sin descalzarme, simplemente entro, sin fijarme en el modo, entro. Experimenté una fuerte necesidad de pedir perdón al Señor y a mis hermanos.
Sentí que el Señor me invitaba a descalzarme y luego a caminar.
Inmediatamente experimenté una resistencia: “no quería ensuciarme.” Me resultaba más seguro andar calzado en los otros: la comodidad y el temor.
Vencido este primer momento comencé a caminar y el Señor a cada paso iba mostrándome algo nuevo. Advertí cómo descalza podía descubrir las alternativas del terreno que pisaba, distinguir lo húmedo y lo seco del pasto de la tierra. Necesitaba mirar a cada paso lo que pisaba, estar atento al lugar donde iba a poner mi pie.
Me di cuenta de cuántas cosas del interior de mis hermanos se me pasan por alto, las desconozco, no las tengo en cuenta por entrar calzada, con la mirada puesta en mi o dispersa en múltiples cosas. Pude ver también cómo descalza, caminaba más lentamente; no usaba mi ritmo habitual, sino tratando de pisar suavemente.
Donde mis zapatos habían dejado marcas, mi pie no las dejaba. Pensé entonces cuántas marcas habré dejado en el corazón de mis hermanos a lo largo del camino y experimenté un gran deseo de entrar en los otros sin dejar un cartel que diga: “aquí estuve yo.”
Por último, fui atravesando distintos terrenos, primero de pasto, luego un camino de tierra hasta llegar a una subida y con piedras. Sentí ya deseos de detenerme y volver a calzarme, pero el Señor me invitó a caminar descalza un poquito más.
Advertí que no todos los terrenos son iguales y no todos mis hermanos son iguales. Por tanto, no puedo entrar en todos de la misma manera. Esta subida me exigía aún más lentitud y cuando más suavemente pisaba, el dolor de mis pies era menor.
Esto me decía: “Cuanto más difícil sea el terreno del interior de mi hermano, más suavidad y más cuidado debo tener para entrar.”
Después de este recorrido con el Señor, pude ver claramente que descalzarse es entrar sin prejuicios, atento a la necesidad de mi hermano, sin esperar una respuesta determinada, es entrar sin intereses, despojado de mi alma
Porque creo, Señor, que estás vivo y presente en el corazón de mis hermanos, es que me comprometo a detenerme, a descalzarme y entrar en cada uno como en un lugar sagrado.
Te regalo una sonrisa, te regalo mi mas preciado tesoro:
Le pregunté al Señor qué significaba esto. Se me ocurrían palabras como respeto, delicadeza, cuidado, prudencia.
Me sentí impulsada a leer las palabras del Exodo 3,5: “No te acerques más, sácate tus sandalias porque lo que pisas es un lugar sagrado.”
Fueron las palabras de Yahvé a Moisés ante la zarza que ardía sin consumirse, y pensé: “Si Dios habla al interior de mi hermano, su corazón es un lugar sagrado.”
No tardé en ponerme en oración. Jesús me presentaba uno a uno a mis amigos y conocidos y luego a otros.
Y descubrí cómo habitualmente entro en el interior de cada uno sin descalzarme, simplemente entro, sin fijarme en el modo, entro. Experimenté una fuerte necesidad de pedir perdón al Señor y a mis hermanos.
Sentí que el Señor me invitaba a descalzarme y luego a caminar.
Inmediatamente experimenté una resistencia: “no quería ensuciarme.” Me resultaba más seguro andar calzado en los otros: la comodidad y el temor.
Vencido este primer momento comencé a caminar y el Señor a cada paso iba mostrándome algo nuevo. Advertí cómo descalza podía descubrir las alternativas del terreno que pisaba, distinguir lo húmedo y lo seco del pasto de la tierra. Necesitaba mirar a cada paso lo que pisaba, estar atento al lugar donde iba a poner mi pie.
Me di cuenta de cuántas cosas del interior de mis hermanos se me pasan por alto, las desconozco, no las tengo en cuenta por entrar calzada, con la mirada puesta en mi o dispersa en múltiples cosas. Pude ver también cómo descalza, caminaba más lentamente; no usaba mi ritmo habitual, sino tratando de pisar suavemente.
Donde mis zapatos habían dejado marcas, mi pie no las dejaba. Pensé entonces cuántas marcas habré dejado en el corazón de mis hermanos a lo largo del camino y experimenté un gran deseo de entrar en los otros sin dejar un cartel que diga: “aquí estuve yo.”
Por último, fui atravesando distintos terrenos, primero de pasto, luego un camino de tierra hasta llegar a una subida y con piedras. Sentí ya deseos de detenerme y volver a calzarme, pero el Señor me invitó a caminar descalza un poquito más.
Advertí que no todos los terrenos son iguales y no todos mis hermanos son iguales. Por tanto, no puedo entrar en todos de la misma manera. Esta subida me exigía aún más lentitud y cuando más suavemente pisaba, el dolor de mis pies era menor.
Esto me decía: “Cuanto más difícil sea el terreno del interior de mi hermano, más suavidad y más cuidado debo tener para entrar.”
Después de este recorrido con el Señor, pude ver claramente que descalzarse es entrar sin prejuicios, atento a la necesidad de mi hermano, sin esperar una respuesta determinada, es entrar sin intereses, despojado de mi alma
Porque creo, Señor, que estás vivo y presente en el corazón de mis hermanos, es que me comprometo a detenerme, a descalzarme y entrar en cada uno como en un lugar sagrado.
Te regalo una sonrisa, te regalo mi mas preciado tesoro:
13 de agosto de 2008
Vida efímera
Si pudiésemos tener conciencia de lo efímera de nuestra vida, tal vez pensaríamos dos veces antes de ignorar las oportunidades que tenemos de ser y de hacer a los otros felices.
Muchas flores son cortadas muy pronto; algunas apenas pimpollo. Hay semillas que nunca brotan y hay aquellas flores que viven la vida entera hasta que, pétalo por pétalo, tranquilas, vividas, se entregan al viento.
Pero no tenemos como adivinar. No sabemos por cuanto tiempo estaremos disfrutando este Edén, tampoco las flores que fueron plantadas a nuestro alrededor. Y nos descuidamos a nosotros mismos y a los otros.
Nos entristecemos por cosas pequeñas y perdemos un tiempo precioso.
Perdemos días, a veces años. Nos callamos cuando deberíamos hablar, y hablamos demasiado cuando deberíamos quedar en silencio.
No damos el abrazo que tanto nos pide nuestro corazón porque algo en nosotros impide esa aproximación.
No damos un beso cariñoso "porque no estamos acostumbrados a eso" y no decimos lo que nos gusta porque pensamos que el otro sabe automáticamente lo que sentimos.
Y pasa la noche y llega el día; el Sol nace y adormece, y continuamos siendo los mismos. Reclamamos lo que no tenemos, o que no tenemos lo suficiente.
Cobramos A los otros. A la vida. A nosotros mismos.
Y nos consumimos, comparando nuestra vida con la de aquellos que poseen más.
Y si probáramos compararnos con aquellos que poseen menos? Eso haría una gran diferencia!
Y el tiempo pasa.Pasamos por la vida y no vivimos. Sobrevivimos, porque no sabemos hacer otra cosa.
Hasta que, inesperadamente, nos acordamos y miramos para atrás. Y entonces nos preguntamos: Y ahora?
Ahora, hoy, todavía es tiempo de reconstruir alguna cosa; de dar un abrazo amigo; de decir una palabra cariñosa; de agradecer por lo que tenemos.
Nunca se es demasiado viejo, o demasiado joven, para amar, para decir una palabra gentil, para hacer un cariño.
No mires para atrás. Lo que pasó, pasó. Lo que perdimos, perdimos.
Mira hacia adelante!
Todavía hay tiempo de apreciar las flores que están enteras a nuestro alrededor.
Todavía hay tiempo de agradecer a Dios por la vida, que aunque efímera, aún está en nosotros.
12 de agosto de 2008
Envejecer es obligatorio, crecer es opcional
Esta es una historia real que sucedió en la Universidad de Antioquía-Medellín. En el primer día de clase nuestro profesor se presentó a sus alumnos, y nos desafió a que nos presentásemos a alguien que no conociéramos todavía.
Yo permanecí de pie mirando alrededor cuando una mano suave tocó mi hombro. Miré para atrás y vi una pequeña señora, viejita y arrugada, sonriéndome radiante, con una sonrisa que iluminaba todo su ser.
Ella dijo:
- Hola buen mozo. Mi nombre es Rosa. Tengo ochenta y siete años de edad. Puedo darte un abrazo?
Yo reí, y respondí com entusiasmo:
- Claro que puedes! - y ella me dió un gigantesco apretón.
- ¿Por qué estás en la facultad a tan tierna e inocente edad? - pregunté.
Ella respondió bromeando:
- Estoy aquí para encontrar um marido rico, casarme, tener un par de hijos, y luego jubilarme y viajar.
- Estás bromeando – le dije.
Tenía curiosidad por saber lo que la había motivado a entrar en ese desafío a su edad, y ella dijo:
- Siempre soñé con tener estudios universitarios, y ahora ¡lo estoy haciendo!
Después de la clase caminamos para un lugar de reunión de estudiantes, y compartimos un "milkshake" de chocolate. Nos volvimos amigos instantáneamente.
Todos los días en los próximos tres meses tendríamos clase juntos y hablaríamos sin parar.
Permanecía siempre extasiado escuchando aquella "máquina del tiempo" compartir su experiencia y sabiduría conmigo. En el transcurso del año, Rosa se volvió un ícono en el campus universitario, y hacía amigos fácilmente, donde quiera que fuese.
Adoraba vestirse bien, y gozaba con la atención que le daban los otros estudiantes.
¡Ella disfrutaba de la vida!
Al final del semestre convidamos a Rosa para hablar en nuestro banquete de fútbol.
Jamás olvidaré lo que ella nos enseñó. Fue presentada y se aproximó al podio. Cuando comenzó a leer su discurso preparado, dejó caer al piso tres de las cinco hojas.
Frustrada y un poco nerviosa, tomó el micrófono y dijo simplemente:
- Discúlpenme, ¡estoy tan nerviosa! Dejé de beber allá por Pascua, y este whisky me está matando! Nunca conseguiré colocar mis papeles en orden nuevamente, entonces permítanme hablarles sobre aquello que yo sé.
Mientras nos reíamos, ella limpió su garganta y comenzó:
- No dejamos de amar porque envejecemos; envejecemos porque dejamos de amar. Existen algunos secretos para continuar jóvenes, felices y exitosos. Es necesario reir y encontrar el humor en cada día. Es necesario tener un sueño. Cuando se pierden los sueños, uno se muere. Hay tantas personas caminando por ahí que están muertas y ¡no se dan cuenta! Hay una enorme diferencia entre envejecer y crecer.
Si tienes 19 años y te quedas acostado en la cama por un año entero, sin hacer nada productivo, llegarás a los 20 años. Si yo tengo 87 años y me quedo en la cama por un año sin hacer cosa alguna, llegaré a los 88 años. Cualquier persona consigue envejecer. Eso no exige talento ni habilidad. La idea es crecer siempre encontrando oportunidades en las novedades. Para eso no se precisa ningun talento o habilidad. La idea es crecer siempre encontrando la oportunidad de cambiar. No tengas remordimientos. Los viejos generalmente no se arrepienten de aquello que hicieron, sino de aquellas cosas que dejaron de hacer. Las únicas personas que tienen miedo de la muerte son aquellas que tienen remordimientos.
Ella concluyó su discurso cantando alegremente "La Rosa".
Nos desafió a cada uno de nosotros a estudiar poesía y practicarla en nuestra vida diaria. Al final del año Rosa terminó el último año de la facultad que había comenzado tiempo atrás.
Una semana después de su graduación, Rosa murió tranquilamente en su sueño.
Mas de dos mil alumnos de la facultad fueran a su funeral, en honor a la maravillosa mujer que enseñó, a través del ejemplo, que nunca es demasiado tarde para ser todo aquello que podemos probablemente ser.
Cuando termines de leer esto, envía estos consejos para tus amigos y familiares, ellos realmente lo apreciarán! Estas palabras han sido divulgadas por amor, en memoria de "Rosa" y recuerda:
"Envejecer es obligatorio, crecer es opcional".
Desconosco el autor
Que tengas un lindo día, DTB hoy y siempre
11 de agosto de 2008
El dolor no deforma, el dolor transforma
Un fracaso, asumido con madurez, puede en un principio doler; pero al superarlo, el alma se logra fortalecer; y más valiente se hace el ser humano, ante cualquier reto que se le presente o ante los diferentes momentos que en su vida pueda tener.
Los padres que tienen un hijo especial, desde un primer momento, es tan grande el dolor que pueden llegar a pensar, que se sienten frustrados y no lo podrán superar; pero con el tiempo y asumido desde la fe, ese ser que en un principio causó dolor, se llegará a convertir en el más grande amor, y les enseñará a descubrir lo que realmente en la vida tiene valor.
El perder un ser querido, deja el corazón destruido, hasta que se logra ver la muerte desde los ojos de Dios, y se transforma en esperanza el dolor; esta tristeza que deja el vacío, nos enseña a valorar a quienes a nuestro lado han quedado, y que también son seres amados.
Si careces de algo, valoras más lo que tienes.
Si sufres por alguien, llegas a amarlo más, si escoges el camino difícil, te haces más fuerte, si experimentas de cerca la muerte, aprendes a amar más la vida, si caes; adquieres destreza en levantarte.
El dolor no deforma, sino que transforma.
El dolor no deforma, transforma, es una gran verdad y eso lo sustentan, quienes al sufrir, sienten que han crecido y se han fortalecido aún más. Todo esto define, esa gran verdad:
"El dolor no deforma, el dolor transforma".
nbas
8 de agosto de 2008
La Felicidad
Como todo en la vida es relativo, y no todos pensamos igual ni tenemos las mismas prioridades, cada persona tiene una idea diferente de lo que es la Felicidad.
Para algunos, la felicidad es dinero en la cartera, cerveza en la nevera, ropa nueva en el armario.
Para otros, la felicidad representa un suceso, una carrera brillante, O simples hechos considerados Importantes (aunque en la realidad carezcan de relevancia).
Para otros tantos, ser feliz es conocer el mundo, tener un conocimiento profundo de las cosas del Cielo y de la Tierra.
Para mí, ser feliz es diferente... Ser feliz, es ser humana, persona, es tener vida, que como decía un poeta: La vida ....“Es hermosa, es hermosa, es hermosa…”
Felicidad es la familia reunida, es vivir sin llegada, sin partida. Es soñar, es llorar, es sonreir…
Felicidad es vivir llena de amor, Es sembrar amistad, es el calor del abrazo de aquel amigo (a), que, a pesar de la distancia, le escuchas decir: “Aló”
Ser feliz, es despertar a las cuatro de la Mañana, después de haberte acostado a las tres de la madrugada, sólo para ir al dormitorio de tus hijas, acercarte a su cama nada Más que para verlas dormir.
Ser feliz es tener un cálido hogar. Es la sencillez de una mesa. Es un cafecito caliente en el desayuno. Es la dulce melodía de un CD, para inspirar al corazón.
Ser feliz es disfrutar del sol Radiante, del frío congelante, de la lluvia.
Ser feliz es brindar afecto a los demás (a todos los que se cruzan en Tu camino).
Ser feliz es hacer de la vida, una gran aventura, una mayor locura, un enorme Placer.
Pero, ante todo, la verdadera Felicidad Consiste en proceder bien, en todos tus Actos. Es no tener Nada de qué Arrepentirse. Es no dañar a los demas.
Exactamente, la Felicidad es :
ESTAR EN PAZ CONTIGO!
nbas
6 de agosto de 2008
Sabiduría e Ignorancia
La sabiduría te enseña que todo lo que ocurre en esta gran obra de teatro tiene un profundo significado.
La ignorancia te hace creer que la vida funciona por casualidades.
Lo que ves hoy, no es fruto de la casualidad, sino de las semillas plantadas en el pasado.
Siembra semillas de paz en el presente y crearás una vida de paz para el futuro.
La ignorancia es como un profundo sueño en el que uno sueña que todavía está despierto. Es una enfermedad de la humanidad. El alma humana se olvida de quien es y a Quién pertenece y empieza a actuar por instintos y no por valores.
En la vida vendrán dificultades y obstáculos. No vienen para detenerte, pueden fortalecerte y ayudarte a avanzar con más experiencia.
Sigue avanzando, un día no es igual a otro. A veces no hay que buscar una solución, es suficiente con seguir avanzando, y el obstáculo quedará atrás.
Quien tiene sabiduría vive según su propósito. Su vida da sentido a todo lo que hace. Esta persona no vive según el reloj, haciendo, sino que vive siguiendo su brújula, asegurándose de que está en el camino.
Desconozco su autor
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