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21 de diciembre de 2011

Navidad solidaria

Esta historia comienza unas navidades no muy lejanas. En casi todo el mundo, las familia reunidas las celebraban. Las calles de las ciudades y pueblos se iluminaban con miles de bombillas de colores y en los escaparates de las tiendas bonitos adornos navideños los decoraban.
Los niños esperaban con anhelo la llegada de Papá Noel e intentaban conciliar el sueño para despertar con la misma ilusión con que se fueron a dormir, y descubrir los regalos que les había dejado bajo el árbol. Pero, en el otro lado del mundo, muchos niños se despertaron muy tristes porque una ola muy grande que vino del mar les dejó sin su casa, sin comida, sin ropa y sin los pocos juguetes que tenían para jugar y compartir entre ellos. Así que, cuando la pequeña Ariadna, el día después de Navidad vio aquella ola tan grande por televisión y vio a tantos niños que no tenían nada, le dijo a su mamá.

–Mamá, Papá Noel me ha traído muchos juguetes y yo quiero compartirlos con estos niños que estoy viendo por la tele.

-Cariño, sé que te gustaría enviarles estos juguetes, pero lo primero que necesitan es comida, ropa, y que sus papas puedan construir de nuevo una casa. Lo que más necesitan es dinero para que sus papás puedan empezar de nuevo, o personas que puedan apadrinarlos -le dijo su mamá.

- Mamá, ¿y nosotros podríamos apadrinar algún niño?-preguntó Ariadna.

- Cielo, ojala pudiéramos, pero hay muchos gastos y no sé si el dinero nos llegaría.

Después de esta charla, pasaron los días y no se volvió hablar de ello. Pero, la noche antes de la llegada de los Reyes Magos, su mama vio la carta que Ariadna les había escrito. En ella no pedía ningún juguete sino que lo que quería era que sus papás apadrinaran a una niña que lo necesitara.

Así pues, cuando despertó se encontró una carta que decía que, como había sido tan buena, los Reyes Magos le dejaban unos juguetes y le decían que pronto recibiría en su buzón las fotografías de sus dos hermanitas, que vivían en Indonesia, llamadas Renya y Febriana y que sus papás habían apadrinado.

Durante algunos días Ariadna miraba impaciente el buzón para ver si llegaban las fotografías de sus hermanas y ese día llegó. Desde entonces, ella dice que tiene dos hermanitas que viven lejos pero que fueron su mejor regalo de Reyes.

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