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25 de noviembre de 2011

Aprende a callar

¡Cuánto me duelen esas palabras cargadas de coraje que a veces digo en mis momentos de ira, pero que en mis instantes de paz y quietud me agobian, duelen y molestan! ¿Por qué será que a veces actuamos con tal ligereza que no pensamos bien el peso y las consecuencias de lo que vamos a decir? Nos insensibilizamos y no consideramos lo que puede implicar para alguien la palabra airada y dura que declaramos.

Duelen, porque en un momento de coraje es posible que para desquitarnos actuemos con venganza o resentimiento y de alguna manera deseamos propinar el mismo dolor que nos causaron. Pero al final de cuentas solo logramos sentirnos peor cuando el coraje ha pasado, porque las palabras que declaramos siguen vivas en la mente y el corazón de las personas a quien las dijimos.

Pienso en esas personas que han sido lastimadas tan fuertemente por un comentario que desde entonces andan con sus autoestimas golpeadas y laceradas. Pensando que no valen nada o que es verdad eso que un día alguien le dijo.
Porque hay palabras que son más duras que un golpe, que dejan heridas más profundas que una espada y que cuando las pronunciamos en vez de dar vida, lo que hacen es dar muerte.

Veo tanta gente a mí alrededor airada, violenta, hablando malo, tratando de llevarse a quien se le presente de frente. Enojados con ellos mismos y con el resto del mundo. Ante cualquier mínimo detalle pierden la paciencia y hacen cosas con las que solo se dañan a sí mismos y al resto.

Pero hay momentos en que es mejor callar aún cuando tengamos la razón. No nos podemos dejar dominar por la ira de un momento, para algo se supone que utilicemos el cerebro que tenemos. Si lo que vamos a decir, entendemos que no es bueno, que no traerá beneficios para nadie, es mejor callarnos. “En boca cerrada no entran moscas”. Hay ocasiones en que “calladitos nos vemos más bonitos”.

Estoy convencida de que tendremos conciencias más tranquilas, dormiremos mejor, tendremos una vida más calmada si aprendemos a dominar el enojo. Si en vez de proferir palabras a lo loco, hablamos palabras que contengan amor y gracia. Cuando no tratemos ni le digamos a nadie lo que no nos gusta que nos digan y hagan a nosotros.

Elige endulzar y sazonar tu vida con palabras sabias, amables, cálidas, llenas de amor y respeto. Cuando tengas que corregir algo hazlo con sensibilidad y respeto. Los demás te lo agradecerán y tú serás una persona más plena y feliz.

nbas

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