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26 de noviembre de 2009

Adviento

La Iglesia, para comenzar el año litúrgico, celebra la llegada de Cristo con los hombres con una gran fiesta a la cual llamamos Navidad. Esta fiesta es tan importante para los cristianos que la Iglesia, antes de celebrarla, prepara a sus hijos durante el período conocido como Adviento. Ya desde tiempos remotos la Iglesia acostumbra tener esta preparación.

La palabra Adviento, como se conoce este periodo, es una palabra latina que significa "llegada solemne", con el adviento se da inicio al año litúrgico y es un tiempo de oración, conversión penitencia y preparación.

Al igual que se prepara la casa para recibir a un invitado muy especial, cada año durante los cuatro domingos que anteceden a la fiesta de Navidad, Dios nos permite preparar nuestra alma para la venida de Jesús, terminando así con todos los obstáculos que se interponen entre Él y nosotros, de ese modo celebrar con Él su presencia en nuestros corazones.

Cristo quiere que le demos lo más preciado que tenemos: nuestra propia vida; por lo que el período de Adviento nos sirve para preparar ese regalo que Jesús quiere, es decir, el adviento es un tiempo para tomar conciencia de lo que vamos a celebrar y de preparación espiritual.

La familia como Iglesia doméstica procura reunirse para hacer más profunda esta preparación. Algunas familias se unen para orar en torno a una corona de ramas de hojas perennes sobre la cuál colocan velas que van encendiendo cada domingo.

El objetivo del Adviento es dejar en nuestros corazones un mensaje de alegría, esperanza y conversión hacia Dios, por que creemos verdaderamente en él y en su plan de salvación.

Si bien el Adviento histórico ya pasó con el nacimiento de Jesús en el mundo, el Adviento espiritual no ha terminado ya que es un hecho que se sigue recordando año con año en nuestra iglesia.

En nuestros tiempos necesitamos hacer realidad un gran deseo “Que Cristo Venga a su Pueblo” especialmente para que se quede en nuestros corazones.

Cada uno de nosotros también podemos prepararnos para el adviento, por medio de la oración, la penitencia, la reconciliación y la Eucaristía. No debemos olvidar que Cristo es el centro de la historia de toda la humanidad.

En algunos países familiares y amigos se reúnen para celebrar las Posadas rezando el rosario, recordando el peregrinar de María y José para llegar a Belén. En todas estas reuniones el sentido de penitencia y sacrificio se enriquece por la esperanza y el espíritu de fraternidad y generosidad que surge de la alegría de que Dios pronto estará con nosotros.


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