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30 de marzo de 2012

La Fe

SeñoraumentamiFe

Solamente se puede llegar a descubrir la oración, cuando se ha descubierto qué es la fe.

Todos aprendimos una definición de la fe, cuando éramos niños, en un catecismo.

Esa definición de la fe la definía así el Concilio Vaticano I:

-“La fe es una virtud sobrenatural, un hábito o un acto por el cual, con la gracia de Dios, el hombre admite determinadas verdades no porque sean evidentes en sí mismas, sino porque Dios, que no puede engañarse, ni puede engañarnos, las ha dicho.”

Normalmente, cuando hemos tomado esta definición desde pequeños, hemos hecho un subrayado, que quizá en nuestra conciencia continúa teniendo el máximo de importancia.

Es admitir determinadas verdades que nosotros no las percibimos, no las entendemos; es admitir lo oscuro; es admitir lo difícil; incluso tenemos una palabra clásica: es admitir el misterio.

Sin embargo, en la definición hay algo mucho más importante. Lo importante de la fe no es admitir una determinada verdad oscura, sino el admitirla porque Dios lo ha dicho. A partir de esto, la fe es una palabra que Dios dirige al hombre.

Cuando la palabra divina ha sido recibida por el hombre y el hombre le dice al Señor: “Acepto tu palabra”, entonces ese hombre comienza a vivir en dimensiones de fe.

El hombre dialoga con Dios y Dios dialoga con el hombre.

Esto es lo que se llama fe. Después, Dios me dirá esto o aquello, está claro o será oscuro…

Lo importante, lo inédito, lo maravilloso y lo sorprendente es que Dios le ha hablado al hombre y que el hombre ha escuchado la palabra de Dios y ha aceptado esa Palabra de Dios. Eso es ser creyente.

Esta es la estructura de la fe: Dios y el hombre como interlocutores: Dios y el hombre dialogando.

nbas

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