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28 de marzo de 2012

Atraer o ahuyentar

Un ministro, en su fin de semana de descanso, decidió visitar una gran iglesia en el centro de la ciudad. Al pasar por el ministro local, en la entrada, él preguntó:

-"¿Como usted consigue atraer quinientas personas para su iglesia todas las semanas?"

El ministro local contestó:

-"Es fácil. Yo comencé con 1.000"

Lamentablemente, muchos cristianos tienen más facilidad de ahuyentar personas de lo que atraerlas para el Señor Jesús. Sus vidas insignificantes y el desaire con que manejan las cosas de Dios acaban influenciando negativamente a todos que les conocen. ¿Que motivos tendrían sus amigos para abrir el corazón para Jesús si lo que ven en ellos no les motiva a cambiar de vida?

Cuando la sonrisa de nuestros labios y el brillo de nuestras actitudes son vistos en los lugares donde frecuentamos, muchos si aproximan y buscan saber la razón de nuestra dicha. Y cuando les transmitimos el amor del Señor, que es percibido claramente en nosotros, quieren tener la misma experiencia y no anhelan más si alejar de aquella vida abundante por nosotros testificada.

Si hablamos de Cristo y no demostramos cambios, en vez de atraer personas, es cierto que las ahuyentamos. Lo que ven en nosotros es una vida huera y triste, sin la claridad característica de alguien que camina en la luz del Señor.

¿Quien iría a anhelar el mismo? ¿Quién iría a aceptar nuestro sermón?

Necesitamos estar firmes delante del Señor. Necesitamos vivir de tal manera que las personas vengan nos procurar mismo antes de que hablemos cualquier palabra. Necesitamos glorificar a Dios en todos los momentos de nuestras vidas. Necesitamos ser bendiciones y no maldición. ¡Necesitamos atraer y no ahuyentar!


¿Tu vida cristiana atrae personas o las ahuyenta?


nbas






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