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12 de diciembre de 2011

Algo para reflexionar

Un dìa Antonio que era un niño tan normal como todos, cada navidad esperaba siempre muchos regalos. Sus padres, se esmeraban por complacerlo en todo porque era su hijo único.

Sin embargo, cuando entró al colegio, tuvo una profesora que se preocupaba mucho de formar a los niños en la pedagogía de Dios. Para ella entonces, la navidad, más que un sentido de comercio y de regalos, tenía un profundo sentido religioso. De este modo preparaba a sus alumnos para celebrar de buena manera la navidad.

Al aproximarse la fecha, la profesora le contó a sus alumnos que María, la virgen, estaba muy gordita y a punto de tener al niño Jesús. Es así, que en ese estado, tuvo que trasladarse a Belén junto a José, su esposo.

Al llegar a la ciudad no encontró espacio para ella en ningún lugar y por ello tuvo que buscar un lugarcito, a las afuera de la ciudad, en una especie de cueva, junto a los animalitos para poder ahí, tener al niño Jesús.

Esta historia le causó mucha impresión a Antonio, quien preguntó a la profesora cada detalle de lo que había sucedido.

Para él, desde ese día, algo cambió. La acostumbrada carta que escribía para hacer sus peticiones sorprendió a sus padres. Antonio quería solamente como regalo recibir a Jesús en su hogar.

Los padres se preocuparon y decidieron conversar con la profesora. Ella, muy amable recibió a los padres de Pato y les escuchó atentamente la manifiesta preocupación que tenían.

Decían : “Nos ha pedido como único regalo recibir a Jesús en la casa” y, no sabemos como vamos a responder a esta petición.

La profesora, con mucha sabiduría fue preguntándole algunas cosas. ¿Cuándo fue la última vez que rezaron pidiéndole a Dios que naciera en su hogar? ¿Cuándo fue la última vez que leyeron la Biblia en familia? ¿Cuándo fue la última vez que participaron de la misa en familia?...

Los padres un poco avergonzados no tuvieron respuestas a las preguntas. Aparentemente había pasado mucho tiempo sin que ellos manifestaran, delante de su hijo, un testimonio claro de que Jesús estuviese presente en sus vidas. Al darse cuenta de esto la profesora les dijo : “ Lo que su hijo necesita, es saber que en su hogar puede habitar Jesús, es saber que existe un espacio para él y que juntos, en familia prepararán sus corazones para recibir a tan digno invitado” ¿Me comprenden ? Preguntó.

Los padres, asintiendo con su cabeza, se fueron a su casa con la mente y el corazón remecidos por esta maestra. Desde ese momento, se preocuparon firmemente de provocar un ambiente adecuado para celebrar la Navidad, prepararon un pesebre y hacían oración teniendo a Jesús como centro de esta celebración.

(Adaptado de un texto más extenso cuyo autor desconozco)

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