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20 de agosto de 2009

Voracidad

Trabajo que le ofrecieran. Iba de un lado para otro mendigando, pero un día se encontró con un amigo de su infancia. Ambos hombres comenzaron a recordar los años escolares y a narrarse lo que había sido de sus vidas.
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—A mí me ha ido muy bien —dijo el amigo.
—A mí muy mal —comentó el pordiosero.
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Y durante un tiempo considerable el hombre pobre se quejó ante su amigo de la infancia y le dijo lo mal que le había ido y lo dura que le resultaba la vida.
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—Pues yo —intervino el amigo— he descubierto que poseo algunos poderes sobrenaturales. Creo que podré ayudarte a mejorar tu existencia.
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Entonces el amigo tocó con su dedo índice un ladrillo y lo convirtió en un lingote de oro.
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—Para ti —dijo amable y generosamente—. Esto aliviará muchas de tus penas.
—Pero la vida es tan larga, tan larga... —argumentó el pordiosero, invitando a su amigo a que le diera más.
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Había un colosal león de piedra. El amigo extendió el dedo y lo convirtió en una figura de oro.
Con esto no creo que vuelvas a tener problemas en cien reencarnaciones —dijo el amigo. Pero el pordiosero añadió:
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—Pero la vida es tan larga, tan larga... Hay tantas cosas imprescindibles...
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El amigo se le encaró y le dijo:
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—Bueno, ¿que más puedo hacer por ti?
Y el pordiosero replicó: —Regalarme tu dedo.

Leyendas de China


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