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22 de junio de 2009

El Ángel y el Demonio

Una mañana de no hace mucho tiempo se encontraron, en lo alto del Himalaya, un ángel y un demonio....
- ¿Qué haces aquí? - Preguntó el demonio.
- Vengo a ver amanecer y el despertar de esta flor.
- ¿Para qué?
- Para disfrutar del milagro de la obra de Dios.
- ¡Valiente tontería! Yo vengo por el alma de un escalador.
- ¿Y cómo conseguirás su alma?
- Muy fácilmente, le salvaré la vida. Cuando el pobre esté desfallecido en medio de la nieve y azotado por el viento de este amanecer helado que vienes a contemplar tan perezosamente, y llame a tu Señor sin escuchar respuesta, yo estaré ahí , listo para cambiarle su alma eterna por lo que le resta de vida.
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No puede ser -dijo el ángel inocentemente-, tú y yo sabemos que la hora de la muerte es inamovible, que el escalador morirá si tiene que morir, y que vivirá si tiene que vivir. Nadie puede interferir en el momento final de su destino. ¿Es que no lo sabes?
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- Yo lo sé -sonrió el demonio- y tú lo sabes, pero el escalador no tiene ni la más mínima idea, y, cuando se sienta perdido y abandonado, llamará a su Dios varias veces, sin que Él se digne a darle la más mínima señal de que su destino es seguir viviendo, entraré yo en escena y le prometeré sacarlo del trance a cambio de que me entregue su alma. El pobre estará tan asustado y tan enfadado con Dios, que no dudará en hacer el trato que le ofrezca.
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- Tramposo, eres un tramposo!
- Por supuesto, soy un demonio.
- No te dejaré que lo hagas.
- ¿Y cómo lo impedirás? ¿Me pegarás, me harás daño, me matarás?
- No, bien sabes que no debo hacerlo.
- ¿Entonces qué harás?
- Le daré ánimos al escalador, influiré en su alma...
- No me hagas reír. ¿Qué ánimos podrás darle si el pobre estará muerto de miedo? ¿No sabes que el miedo es el alimento de las sombras? No te escuchará, no te sentirá, no pensará en su alma, tonto, solo pensará en salvar su cuerpo.
- Tienes razón...
- Lo sabía.
- Eres más sabio de lo que pensaba.
- Por supuesto.
- No podré hacer nada cuando el escalador pase por sus peores momentos de debilidad. No puedo ni debo interceder en lo que él haga por iniciativa propia...
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- ¡Esta claro!
- Sin embargo...
- ¿Qué?
- No sé, se me ocurre que el alma de un pobre mortal es poca cosa para un demonio tan inteligente como tú.
- Ahora eres tú quien tiene razón, pero el mercado de almas está muy mal, y hay que conseguir lo que se pueda, y no lo que yo quisiera.
- Tendrás que aspirar a algo más...
- ¿ A algo más? Pero si no hay nada más por el momento. El alma más cercana que hay por aquí es la de una cabra, y el alma de un humano es mejor que el alma de una cabra, te lo aseguro. Además, no se me da muy bien el trato con las cabras.
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- ¿Te olvidas de mi?
- No. Pero conseguir el alma de un ángel es prácticamente imposible.
- ¿De verdad lo crees?
- No lo creo, lo sé. Mira, si uno de nosotros intenta comprarle el alma a un ángel, puede tener problemas con las huestes celestiales. Si le quito el alma a un hombre, tú no puedes atacarme, pero si intento apoderarme de tu alma, sí podrías atravesarme con tu espada de fuego. No intentes engañarme, que me conozco el reglamento.
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- ¿Tienes miedo?
- No, no es eso, yo no le temo a los ángeles, pero ahora no tengo tiempo de luchar contigo, por que dentro de un instante el escalador empezará a desesperar y he de estar ahí para aprovechar el momento.
- Espera, espera. Te doy mi palabra de ángel que no lucharé , que no opondré resistencia.
- No te creo...
- ¡Lo juro!
- No sé, no sé -el demonio dudó por un instante- ¿y qué me pedirías a cambio de tu alma?
- Poca cosa.
- ¿Qué? Venga, dímelo, date prisa, que ahora estamos en la esfera de tiempo de los hombres y no puedo esperar más.
- Sólo te pido que dejes en paz a ese hombre.
- ¿Eso es todo?
- ¡Lo juro!
- ¡Trato hecho! Ahora mismo empiezo a preparar el documento.
- De acuerdo.
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- Nunca pensé que atrapar el alma de un ángel sería tan fácil.
- Ya lo ves...
- ¿Tienes sangre para firmar el documento?
- No, soy un ángel, ¿recuerdas?
- ­­¡Qué tonto! Lo había olvidado
- ¿Te serviría una de mis lágrimas?
- No lo sé...
- ¿No lo has hecho antes?
- Pues... me gustaría mentirte y decirte que sí, que llevo muchas almas de ángeles en mi haber, pero sería inútil, al momento te darías cuenta de que es la primera vez que atrapo a uno de vosotros.
- ¿Y entonces con qué firmo, con nieve?
- ¡No te burles de mí! ¡Mira que estás a punto de pertenecerme!
- No pretendía burlarme....
- Deja que consulte el manual.
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-¡Mira, parece que el escalador ha podido salvarse sin tu ayuda!
- ¿¡Qué!? ¡Maldita sea! ¿ No me digas que ahora vas a echarte para atrás y que no firmarás el contrato?
- No, nada de eso. Te di mi palabra de ángel y estoy dispuesto a cumplir.
- ¡Uf, menos mal!
- Bueno, ¿te sirve una lágrima o no?
- Si, aquí lo dice, me sirve una lágrima tuya. Venga, llora un poco y firma, que no tengo todo el día.
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El ángel empezó a llorar...
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- Pero no llores mucho -dijo el demonio- que a mí eso de las lágrimas, ya sabes...
- No, no lo sé...
- Pues eso, que me ablandan, me enternecen ... ¡Y mira que soy un demonio feroz con toda la barba!
- No te preocupes, no se lo diré a nadie, entiendo lo que te pasa...
- ¿¡Cómo que lo entiendes!?
- Eso te pasa porque en tu interior, muy en el fondo, pero muy en el fondo, sigues teniendo una chispa de luz divina, esa chispa de luz divina que anima a todos los seres de la creación.
- ¡Mentira!
- Los ángeles no mienten. Todas las cosas de la creación tienen una chispa de luz divina, hasta tú. Recuerda que, te guste o no , también eres parte de la creación y del universo.
- ¡Calla de una vez! ¡Venga , con esas lágrimas es suficiente! Firma aquí, en la línea punteada!
El ángel tomó una de sus lágrimas, y con su dedo de fuego empezó a firmar sobre la línea punteada.
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El demonio, que se había enternecido un poco con las lágrimas, esbozó una sonrisa de triunfo, y sintió que el pecho se le henchía de orgullo. Sí, dentro de poco sería la envidia de su orden demoníaca.
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El sol del amanecer se elevaba en el horizonte , y la pequeña flor de la montaña abría sus ojos ante el astro rey. El ángel, mientras ponía las primeras letras de su nombre, creía ver por última vez la esplendorosa hermosura de la creación de Dios. Un ser tan humilde como una flor, entraba en comunión con un ser tan grandioso como el sol.
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Justo en ese momento, desde el infierno brotó una voz, al tiempo que el contrato de compra-venta de almas se desvanecía sin que el ángel terminará de estampar su firma.
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Tonto!!! –Tronó la voz de Lucifer- ¡Ese contrato es nulo!
- ¿Por qué? -Preguntó el demonio acobardado y sorprendido.
- ¡Porque parte de un acto de supremo sacrificio! ¡Estúpido!
- ¡No puede ser! –Gimió el demonio.
- Lo siento mucho –dijo el ángel intentando consolarlo- no era mi intención hacerte padecer.
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La voz de Lucifer volvió al averno. El demonio, presa del desencanto, empezó a descender por la montaña. Y el ángel, aliviado y enternecido por la mala suerte del demonio, le preguntó a su rival:
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- ¿A dónde vas ahora?
- ¡Qué te importa!
- Venga, no te lo tomes así, ya tendrás otra oportunidad...
- ¡Seguro! Ahora mismo voy en busca de la cabra, a ver si ella sí le puedo robar el alma.
- Bueno, lo siento, espero que tengas suerte con la cabra.
- ¿Es que no vas a intentar impedírmelo?
- No, yo me quedo a observar el sol y las flores.
- ¿Es que no te importa lo que le pueda pasar a la cabra?
- Claro que me importa, pero yo sólo sigo los deseos de Dios, y Él me dijo que viniera hoy a aquí, a observar el amanecer el sol y las flores de montaña. Porque me dijo que observando la majestad de su naturaleza divina, hoy mismo salvaría tres almas.
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El demonio ya iba bastante lejos, pero no pudo dejar de ver que el ángel lloraba viendo las flores y el sol.
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- ¿Y ahora por qué lloras? -le gritó desde lejos
- Porque solo he salvado dos almas. La mía y la del escalador.
- ¡Deja de llorar, tonto, que ya has salvado las tres almas! ¡Hoy me han salido tan mal las cosas, que no pienso molestar a la cabra!
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El ángel daba gracias a Dios , sin ver que el demonio, que bajaba a toda prisa por la montaña tapándose la cara para que nadie lo viera llorar, iba perdiendo los cuernos y la cola, al tiempo que de sus espalda empezaban a brotar unas alas...


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